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22 de abril, Día de la Tierra: El cambio climático tiene un impacto indirecto en la prevalencia y la gravedad de las enfermedades no transmisibles

22 de abril, Día de la Tierra: El cambio climático tiene un impacto indirecto en la prevalencia y la gravedad de las enfermedades no transmisibles

¿Qué beneficios aporta y cuál es la importancia de las elecciones diarias en la mejora de la propia salud y el medio ambiente? 

Fecha de publicación: 22 de abril de 2026

“Las ENT, como enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes, están estrechamente vinculadas con factores ambientales, lo que posiciona al cambio climático como un importante determinante social de la salud”, esta es una de las ideas clave que recoge el artículo «Salud planetaria desde la perspectiva de prevención y promoción de la salud» que hoy recuperamos desde la revista Atención Primaria.

A través del The Lancet Countdown: Tracking Progress on Health and Climate Change el artículo concreta en los cuatro principales ejes que, vinculados a la salud medioambiental, impactan en la salud de las personas y propone estrategias concretas a través de las recomendaciones de la OMS:

  • Contaminación del aire: La quema de combustibles fósiles empeora la calidad del aire y eleva el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer de pulmón. Frente a las mismas se debe promover la puesta en marcha de políticas de energía limpia y transporte sostenible, así como campañas de concienciación sobre los efectos del aire contaminado en la salud. 
  • Temperaturas extremas: Las olas de calor aumentan los eventos cardiovasculares y agravan enfermedades crónicas como problemas respiratorios y diabetes. Ante esa circunstancia, la Organización Mundial de la Salud propone la implementación de programas de salud pública para la protección durante las olas de calor lo que incluye proporcionar acceso a lugares frescos y a hidratación adecuada. 
  • Alimentación y nutrición: El cambio climático reduce la disponibilidad de alimentos saludables, favoreciendo obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Entre las políticas de mitigación, la OMS destaca el impulso de dietas saludables y sostenibles basadas en alimentos frescos y de origen vegetal. Este tipo de alimentación no solo reduce factores de riesgo de enfermedades no transmisibles, sino que también contribuye a disminuir la huella de carbono asociada a la producción alimentaria. 
  • Desplazamientos forzados: Los desastres ambientales dificultan el acceso a atención médica y tratamientos, afectando especialmente a personas con enfermedades crónicas. En este ámbito, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la creación de infraestructuras resilientes resultan fundamentales para garantizar la continuidad asistencial. 

Además, el artículo subraya que nuestros estilos de vida diarios —como la alimentación, la actividad física o el consumo de sustancias— tienen un impacto directo tanto en la salud individual como en el medio ambiente, influyendo en el uso de recursos naturales, la generación de residuos y las emisiones de gases de efecto invernadero. 

El consumo de tabaco y su afectación sobre el medio ambiente 

Sobre la relación entre el consumo de tabaco y su afectación sobre el medio ambiente, se señalan varios ejes de afectación tales como la tala de árboles, la emisión de CO2 tanto en la producción, como en la distribución y el consumo, así como la huella hídrica de la producción, además del coste en vidas humanas. 

Así, se estima que el impacto ambiental de una persona que consumo 20 cigarrillos al día durante 50 años es el siguiente: 

  • Una huella de carbono total de 5,1 toneladas de emisiones equivalentes de CO2. Para compensarse, requeriría plantar 132 planteles de árboles durante 50años y cultivarlos durante 10 años.  
  • Una huella hídrica de 1.355 m3, equivalente a casi 62 años de suministro de agua para las necesidades básicas de tres personas.
  • Un agotamiento total de combustibles fósiles de 1,3 toneladas equivalentes de petróleo, comparable al consumo de electricidad de un hogar medio en la India durante casi 15 años. 

Un análisis similar se realiza respecto al alcohol, cuya producción implica un elevado consumo de agua (hasta 870 litros por litro de vino) y energía, además de generar emisiones contaminantes y aguas residuales que afectan a suelos y ecosistemas acuáticos. 

El texto concluye que el impacto del consumo de tabaco y alcohol es devastador tanto para la salud humana como para la salud del planeta como desencadenantes de: 

  • La deforestación. 
  • El uso intensivo de recursos.
  • La contaminación derivada de su producción y consumo. 

Alimentación y actividad física 

El artículo pone el foco en la alimentación como uno de los pilares fundamentales de la salud planetaria. Una dieta poco saludable representa uno de los principales factores de riesgo de muerte prematura, mientras que optar por patrones alimentarios basados en productos frescos, de temporada y de origen vegetal permite mejorar la salud y reducir el impacto ambiental. Pequeños cambios, como disminuir el consumo de productos ultraprocesados o de carne y priorizar legumbres, frutas, verduras y frutos secos, pueden tener un efecto significativo tanto en la prevención de enfermedades no transmisibles como en la reducción de emisiones asociadas al sistema alimentario. 

Otro de los aspectos clave es la actividad física, considerada uno de los principales factores protectores frente a las ENT. Sin embargo, una parte importante de la población no alcanza los niveles recomendados. Promover un estilo de vida activo —especialmente a través de desplazamientos sostenibles como caminar o ir en bicicleta— no solo mejora la salud cardiovascular, metabólica y mental, sino que también contribuye a reducir la contaminación y a avanzar hacia modelos de ciudades más sostenibles. Asimismo, la práctica de ejercicio en entornos naturales añade beneficios adicionales, como la mejora del bienestar emocional y la reducción del estrés. 

Por último, el artículo aborda la relación entre salud emocional y medio ambiente, destacando cómo los factores ambientales influyen directamente en el bienestar psicológico. La exposición a espacios naturales, la calidad del aire o el ruido ambiental pueden condicionar el estado de ánimo, los niveles de estrés y la salud mental. En este sentido, el contacto con la naturaleza —a través de prácticas como los llamados “baños de bosque”— se asocia con una disminución del cortisol y una mejora del bienestar general. Por el contrario, la contaminación o los eventos climáticos extremos pueden aumentar el riesgo de ansiedad, depresión o estrés postraumático, especialmente en poblaciones vulnerables.