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Iñaki Martín Lesende:

Iñaki Martín Lesende: "Detectar la fragilidad a tiempo nos permite cambiar el curso hacia la discapacidad y la dependencia"

La fragilidad y las caídas no son una consecuencia inevitable del envejecimiento. Con el objetivo de favorecer su detección precoz y prevenir la discapacidad, el Ministerio de Sanidad ha actualizado el Documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y las caídas en la persona mayor (2026)

Iñaki Martín Lesende, médico de familia, miembro de los Grupos de Trabajo de Atención al Mayor y del PAPPS de la semFYC y uno de los autores del documento, analiza en esta entrevista las principales novedades del consenso, la importancia de situar la capacidad funcional en el centro de la atención a las personas mayores y los retos que afronta la Atención Primaria para implantar estas recomendaciones en la práctica clínica.

Fecha de publicación: 13 de julio de 2026

- Usted ha participado como autor en la actualización del Documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y las caídas. ¿Qué necesidad había de revisar el documento anterior y cuáles son las principales novedades de esta edición de 2026?

El primer Documento de consenso del SNS sobre prevención y manejo de la fragilidad y las caídas se publicó por primera vez y fue aprobado por el Consejo Interterritorial en 2014. En el año 2022 se actualizó la parte referente a la fragilidad. Sin embargo, era necesario revisar también el apartado dedicado a las caídas para adecuarlo a la publicación, ese mismo año, de las Guías Internacionales para la prevención y el manejo de las caídas en personas mayores.

La actualización de 2026 conlleva cambios importantes en lo referente a las caídas, incorporando aspectos tan relevantes como la detección basada en las tres preguntas propuestas por las guías (caídas previas, inestabilidad y temor a caerse) y la clasificación del riesgo de caídas (bajo, medio o alto) en función de las respuestas y de la existencia de factores de gravedad.

Por otro lado, aporta una clasificación conjunta del riesgo de fragilidad y de caídas que determina las acciones a seguir (consejo dirigido, Valoración Geriátrica Integral -VGI-, Valoración Multidimensional de Caídas -VMC-, etc.), así como la periodicidad del seguimiento. También establece criterios de derivación.

Además, la página del Ministerio de Sanidad contiene infografías dirigidas tanto a profesionales como a pacientes, una herramienta para facilitar la determinación del riesgo, una guía abreviada para profesionales, el documento de consenso y otros materiales relacionados.

- En su intervención durante la presentación señaló que debemos dejar de centrarnos únicamente en la enfermedad para poner el foco en la capacidad funcional. ¿Por qué es tan importante este cambio de mirada en la atención a las personas mayores?

Está bien consolidado que la mejor manera de valorar el estado de salud de una persona mayor es su funcionalidad, entendida como la capacidad de realizar las Actividades de la Vida Diaria (AVD) de forma autónoma, incluyendo la integración y la relación social, más allá de las enfermedades que sufra. De hecho, el objetivo final de las intervenciones, a nivel estratégico de las políticas sociosanitarias, es favorecer un envejecimiento activo y la prolongación de la supervivencia libre de discapacidad (con buena funcionalidad).

- Muchas personas asocian la fragilidad a una consecuencia inevitable de la edad. ¿Qué es realmente la fragilidad y por qué es fundamental detectarla antes de que aparezca la dependencia?

La fragilidad se define como una merma en la capacidad de respuesta (homeostasis) ante agresores o estresores externos, que desencadena una mayor probabilidad de eventos adversos de salud en las personas (caídas, ingresos hospitalarios, complicaciones postquirúrgicas…), institucionalización, muerte y, sobre todo, de avanzar hacia la discapacidad y la dependencia.

De hecho, aunque la fragilidad se considera un estadio previo a la discapacidad, una parte de estas personas ya presenta una alteración funcional más precoz y sutil, que solo puede determinarse mediante una evaluación exhaustiva.

Considerando que las personas mayores pasan de un estado de buena salud y funcionalidad a una situación de dependencia de forma mayoritariamente progresiva, detectando los primeros estadios de pérdida funcional o previniendo y detectando la fragilidad podemos modificar este curso adverso hacia la dependencia.

Es en estos estadios de fragilidad y de detección precoz de la pérdida funcional cuando las intervenciones pueden tener un mayor éxito para revertir o modificar este curso adverso.

- ¿Qué señales deberían alertar a un médico o médica de familia de que una persona mayor puede estar iniciando un proceso de fragilidad? ¿Qué papel tienen las caídas, la pérdida funcional o la polifarmacia en esa detección precoz?

Aunque el consenso del Ministerio recomienda detectar la fragilidad y el riesgo de caídas mediante una captación activa, hay una serie de condiciones en las que aumenta la incidencia de la fragilidad y ante las que el profesional debe estar atento: caídas, quejas de fatiga, debilidad o cansancio, pérdida de peso no intencionada, polifarmacia, hospitalización reciente, multimorbilidad, aislamiento social, problemas cognitivos o dificultades para mantener un adecuado estado nutricional.

"La fragilidad y el riesgo de caídas se imbrican y retroalimentan. El riesgo de caídas se asocia con la fragilidad y las personas mayores frágiles tienen más riesgo de sufrir caídas. Por eso, el consenso aborda de forma conjunta tanto el riesgo como la intervención"

- El nuevo consenso incorpora un algoritmo común para la prevención, la detección y el abordaje de la fragilidad y las caídas. ¿Cómo puede ayudar esta herramienta a homogeneizar la práctica clínica en Atención Primaria?

Aunque el algoritmo puede resultar complejo a priori, sigue una lógica muy fácil de entender. Clasifica de forma conjunta el riesgo de fragilidad y de caídas, pero, según los componentes de riesgo de una y otra situación en cada estadio, determina las acciones a seguir. Por ejemplo, si una persona presenta riesgo porque ha respondido afirmativamente a alguna de las preguntas de riesgo de caídas, pero no ha fallado las pruebas de ejecución (no es frágil), la intervención irá dirigida a aspectos generales de prevención de caídas. Si el componente de riesgo viene determinado por haber resultado frágil, se recomendará una VGI. Si el componente de riesgo viene determinado, además, por condicionantes de alto riesgo de caídas, se recomendará una VMC. Si la persona es frágil y presenta un alto riesgo de caídas, se recomendarán ambas: VGI y VMC. La guía breve para profesionales facilita mucho la comprensión.

Como se comentó en la presentación de la actualización, la clave es introducir en nuestra actividad y en los programas asistenciales estas actuaciones, que son efectivas y factibles (con suficiente formación y capacitación profesional, que es necesaria), a costa de dejar de hacer otras menos efectivas o eficientes.

El documento pone mucho énfasis en la coordinación entre Atención Primaria, hospitales, servicios sociales y recursos comunitarios. ¿Qué cambios son imprescindibles para que esa coordinación deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad? 

Desde mi punto de vista, y esto es una apreciación personal, los servicios integrados de salud debieran situar a la Atención Primaria en el centro, como base del sistema sanitario por su efectividad, eficiencia, relación con la comunidad, continuidad, etc. Y aún más en el ámbito de la fragilidad y las caídas, por la importancia que tienen los servicios sociales y la atención comunitaria. Por tanto, las necesidades de coordinación debieran partir de la Atención Primaria.

Unos servicios sociales más cercanos a la realidad asistencial de la Atención Primaria e, incluso, integrados en ella, como ya ocurre en algunas comunidades autónomas, junto con los servicios de geriatría y de fisioterapia, son imprescindibles para realizar las derivaciones e intervenciones que se requieren.

- La implementación es probablemente el mayor desafío. ¿Qué necesitan hoy los equipos de Atención Primaria —en tiempo, recursos o herramientas digitales— para aplicar estas recomendaciones de forma efectiva?

Lo primero que necesitan es adquirir capacitación en este ámbito. Para ello, hay que favorecer la formación (que, por lo general, no se ha proporcionado ni en la universidad ni durante la especialización) en aspectos e intervenciones específicas dirigidas a las personas mayores: síndromes geriátricos y, en concreto, fragilidad; valoración geriátrica y VGI; prevención en las personas mayores y de la dependencia, etc. El Ministerio oferta periódicamente un curso en línea derivado del consenso.

Por otra parte, las organizaciones sanitarias debieran facilitar su despliegue, no solo ofertando formación, sino también incorporando y facilitando estas actividades prioritarias en sus sistemas informáticos y contratos programa. Además, deberían contar con personas expertas asistenciales como referentes para toda la organización.

- En su exposición durante la presentación del documento planteó una cuestión muy presente en las consultas: la sobrecarga asistencial. ¿Es posible implantar programas de detección de la fragilidad sin aumentar la carga de trabajo? ¿Qué habría que dejar de hacer o cambiar para hacerlo viable?

Como resalté en la presentación, es posible implantar la estrategia de fragilidad y caídas dejando de hacer otras cosas menos efectivas o innecesarias. Por ejemplo, y en relación con este tema, dejando de valorar las actividades básicas de la vida diaria (Barthel) a todas las personas mayores, cuando un 90 % no las tiene alteradas; deberíamos estar valorando, en su lugar, las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD). También dejando de hacer costosas (en tiempo y esfuerzo) valoraciones multidimensionales a todas las personas mayores, que algunos llaman VGI, pero que no lo son porque no desencadenan intervenciones (que es un componente de toda VGI). Dejando de aplicar herramientas y cuestionarios de valoración a pacientes pluripatológicos para cada uno de los aspectos a valorar, como si fueran herramientas diagnósticas (grave error). Y pidiendo múltiples pruebas y controles presenciales a pacientes con enfermedades crónicas, muchas veces innecesarios y de escasa efectividad.

En cuanto a la aplicación del proceso, hice una estimación de cuántas personas frágiles detectaría en mi consulta, y la cifra variaba entre 37, empleando el test de velocidad de la marcha, y 77 con el SPPB. Aunque requiere tiempo e intensidad (sobre todo en la intervención y el seguimiento), pienso que es asumible, «si dejamos de hacer otras cosas».

- Si pudiera trasladar un único mensaje a los profesionales de Atención Primaria sobre este documento de consenso, ¿cuál sería? ¿Qué impacto puede tener su aplicación en la calidad de vida y la autonomía de las personas mayores?

Tenemos que adquirir las competencias necesarias para saber detectar y, sobre todo, intervenir de forma intensa y efectiva sobre ella, como verdadero garante de un cambio en la salud.

Tenemos que alinearnos con el objetivo sociosanitario, verdadero reto ante el envejecimiento poblacional, de fomentar el envejecimiento activo y la esperanza de vida libre de discapacidad. Por ello, la estrategia de fragilidad y caídas es prioritaria, además del fomento de la promoción de la salud en este sentido (ejercicio físico). Tenemos que adquirir las competencias necesarias para saber detectar y, sobre todo, intervenir de forma intensa y efectiva sobre ella, como verdadero garante de un cambio en la salud.