Actualidad
Interpretar aquello que no se dice: un reto para la Medicina de Familia

Interpretar aquello que no se dice: un reto para la Medicina de Familia

El silencio también forma parte de la comunicación clínica y puede aportar información relevante sobre las emociones, las dudas o las necesidades de la persona atendida. Este nuevo artículo publicado en la Revista AMF «Los silencios en la consulta» reflexiona sobre su valor en Atención Primaria, analiza cómo interpretarlo sin precipitaciones y reivindica la escucha como una herramienta esencial para construir entrevistas más profundas, empáticas y humanas.

Tiempo de lectura: 3 minutos
Fecha de publicación: 27 de julio de 2026

Accede al artículo íntegro aquí

El silencio ha atravesado la filosofía, la literatura y las artes como una forma de presencia, reflexión y conocimiento. Sin detenerse en un recorrido meramente histórico, los médicos de familia Mikel Baza Bueno y Sara Yebra Delgado, miembro del Grupo de Trabajo de Bioética de la semFYC, trasladan esta idea al espacio asistencial: en consulta, lo que no se dice también construye la relación clínica y puede aportar tanta información como las palabras. 

El artículo «Los silencios en la consulta», publicado en el número de junio de la Revista AMF, invita a prestar atención a ese territorio comunicativo que a menudo tratamos de llenar por la incomodidad que genera. Porque guardar silencio no implica necesariamente permanecer pasivo: puede ser una intervención deliberada, una forma de acompañar o un espacio para que emerja aquello que todavía no ha podido expresarse. 

El texto parte de la ponencia que ambos autores presentaron en noviembre de 2025 en el XLV Congreso de la semFYC, celebrado en Madrid, donde profundizaron en el potencial del silencio para reforzar el vínculo con las personas atendidas. 

El silencio como herramienta clínica 

El significado de un silencio depende de quién calla, del momento de la entrevista, del contexto y del resto de elementos no verbales. Una pausa acompañada de una mirada atenta y una postura receptiva puede facilitar que la persona ordene su relato, procese una emoción o se atreva a compartir una experiencia difícil. En cambio, un silencio mal sostenido puede percibirse como indiferencia, juicio o falta de respuesta. 

"Un silencio puede ser más elocuente que cualquier palabra. Puede invitar, contener, permitir pensar; pero también incomodar, bloquear o transmitir falta de recursos"

 

Por ello, los autores no presentan el silencio como una técnica aplicable de manera automática, sino como una habilidad que requiere sensibilidad clínica y ética. Bien utilizado, puede favorecer la autonomía, contener el malestar sin precipitar soluciones y evitar que determinadas experiencias vitales desemboquen innecesariamente en consejos, derivaciones o tratamientos. 

"En Atención Primaria, el silencio puede mejorar la calidad de la entrevista y permitir una consulta más profunda y humana"

 

Una dimensión que la inteligencia artificial no interpreta 

La complejidad de estas pausas también permite situar los límites de las herramientas tecnológicas aplicadas a la comunicación clínica hoy en día. Durante el 35.º Congreso de Comunicación y Salud de la semFYC, la mesa «Empat-IA: ¿Puede la inteligencia artificial ayudarnos a ser más humanos?» exploró el uso de modelos de lenguaje para analizar interacciones y entrenar habilidades comunicativas. 

Entre sus limitaciones, Rosana del Amo recordó que "la IA reconoce patrones, pero no percibe silencios, miradas ni paralenguaje". Puede analizar las palabras pronunciadas o sugerir mejoras en una conversación, pero no comprender por sí sola si una pausa expresa miedo, vergüenza, duelo, reflexión o confianza. El juicio del profesional, su conocimiento de la persona y su capacidad para permanecer presente continúan siendo insustituibles. 

Por tanto, aunque la inteligencia artificial ocupa un lugar cada vez más relevante en la práctica sanitaria y en la medicina de familia, la capacidad de interpretar los silencios continúa siendo una competencia esencialmente humana. Como plantean Baza y Yebra, aprender a percibirlos, contextualizarlos y sostenerlos puede enriquecer la entrevista clínica y favorecer una atención más profunda, empática y centrada en la persona

Aprender a escuchar sin apresurarse 

El manejo del silencio forma parte habitualmente del aprendizaje implícito de la profesión, pero los autores defienden que también debe observarse, entrenarse y reflexionarse. No se trata de callar más, sino de reconocer cuándo intervenir, cuándo esperar y cómo acompañar sin invadir. 

El artículo de AMF propone así una lectura especialmente pertinente para una práctica sometida a la prisa, la presión asistencial y la búsqueda constante de respuestas. Como concluyen Baza Bueno y Yebra Delgado: 

"Quizá la medicina que más necesitamos no consista en hablar más, sino en aprender a escuchar mejor esos silencios que tanto tienen que decir"

 

Accede al artículo íntegro aquí