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La semFYC propone regular los cigarrillos electrónicos igual que el tabaco

La semFYC propone regular los cigarrillos electrónicos igual que el tabaco

Fecha de publicación: 23 December 2013
• Plantea informar de los peligros para los niños y limitar su publicidad, tal y como está vigente en la actual Ley Antitabaco

• Pide al Ministerio que amplíe su prohibición a todos los lugares públicos cerrados, por representar un riesgo para la salud pública y ser posible puerta de entrada al consumo de tabaco entre los más jóvenes

• Aunque los riesgos para la salud del vapor emitido se desconocen, los datos disponibles apuntan que contiene productos tóxicos

• Un estudio reciente de la Food and Drug Administration (FDA) revela presencia de toxinas, emitidas en concentraciones bajas, durante el proceso de vaporización de ciertos cartuchos

Tras el anuncio del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de prohibir los cigarrillos electrónicos en centros educativos y sanitarios, en el trasporte público y en las dependencias de las administraciones, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), a través de su Grupo de Trabajo de Abordaje al Tabaquismo (GAT), ha elaborado un documento de posicionamiento en el que propone su regulación como un producto de tabaco más. Para esta sociedad científica, que representa a más de 20.000 profesionales de Atención Primaria (AP) de toda España, se debería informar de los peligros para los niños y limitar su publicidad, tal y como está vigente en la actual Ley Antitabaco. Asimismo, cree que el Ministerio debería ampliar lo antes posible su prohibición a todos los lugares públicos cerrados, ya que representan un riesgo para la salud pública y pueden ser una puerta de entrada al consumo entre los más jóvenes.

Teniendo en cuenta que no hay estudios que demuestren su seguridad y eficacia para dejar de fumar, los médicos de familia consideran necesario investigar más para valorar su seguridad a corto y largo plazo y su eficacia como método de abandono del tabaco. “Pero incluso antes de seguir investigando, sería preciso garantizar científicamente el contenido del líquido que se vaporiza. En este sentido, se podría realizar un seguimiento de su consumo a través de la Encuesta Nacional de Salud”, admite la doctora Ana Mª Furió, coordinadora del GAT.

En el último informe realizado el pasado mes de julio por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se indica que no hay evidencia científica consistente para apoyar su uso terapéutico. Por otra parte, la OMS ha prohibido expresamente a los fabricantes que anuncien este producto como una forma de tratamiento del tabaquismo. La Food and Drug Administration (FDA) no considera estos dispositivos como válidos para ayudar a dejar de fumar. Un estudio reciente de la agencia americana manifiesta algunas preocupaciones por presencia de toxinas, emitidas en concentraciones bajas, durante el proceso de vaporización de ciertos cartuchos.

También la Unión Europea acaba de aprobar una directiva en la que propone que deberían ser regulados ya sea como medicamentos o como productos de tabaco. En este último caso, no deben contener una concentración de más de 20 mg/ml de nicotina, siendo de 2 ml el tamaño máximo de los cartuchos de un único uso.

Tal y como se señala en el documento del GAT, la mayoría de las preocupaciones de seguridad con respecto a los cigarrillos electrónicos se refieren a la falta de reglamentación de las sustancias utilizadas y las inconsistencias en el control de calidad. “La actual ausencia de supervisión de la autoridad sanitaria facilita que haya una variabilidad significativa entre los dispositivos, y la administración y cantidad de nicotina”, asegura la doctora Furió.

Los cigarrillos electrónicos no son seguros

Hasta la fecha, la mayoría de los estudios realizados sobre estos productos tiene escasa calidad científica, llevándose a cabo con poco rigor y con un número pequeño de muestras. Sin embargo, se pueden extraer algunas conclusiones:

No se sabe si los cigarrillos electrónicos son más seguros que los clásicos, por lo que actualmente no se puede incentivar su utilización.

Se deben evaluar los efectos de las diferentes sustancias que llevan, y la inhalación de éstas varias veces al día durante meses o años. A corto plazo hay un estudio que ha mostrado efectos fisiológicos adversos sobre la función pulmonar en voluntarios sanos, sin que sea posible establecer claramente su relevancia clínica, y sin valorar los efectos a largo plazo de la exposición continuada.

Los riesgos para la salud del vapor emitido se desconocen, aunque todo apunta a que contienen productos tóxicos para la salud.

Los cigarrillos electrónicos representan un riesgo para la salud pública, ya que pueden significar:

o Una puerta de entrada al consumo de tabaco entre los jóvenes.

o Volver a normalizar el tabaquismo.

o Convertir a los exfumadores en consumidores de cigarrillos electrónicos, evitando la abstinencia completa y exponiendo su salud a un nuevo y desconocido tóxico.

Conviene saber…

Los cigarrillos electrónicos son un producto nuevo de consumo, que se anuncia con un riesgo supuestamente menor para la salud que el tabaco tradicional. Estos dispositivos están compuestos por una batería, un atomizador y un cartucho reemplazable. Parece ser que la mayoría de cartuchos reemplazables contienen nicotina suspendida en propilenglicol o glicerina y agua, pero algunos también contienen componentes potencialmente peligrosos (formaldehído, acetaldehído, acroleína, nitrosaminas y metales pesados) con variaciones importantes entre los diferentes modelos. En realidad, ningún organismo alimentario ni sanitario puede garantizar el contenido real del líquido de los cartuchos reemplazables.

Estos productos están diseñados de forma similar a los cigarrillos clásicos, liberan determinadas dosis de nicotina y otras substancias mediante un proceso de calentamiento que proporciona, en ocasiones, el mismo sabor que un cigarrillo clásico. La nicotina se inhala a través de las vías aéreas directamente, por lo que su potencial de incrementar la adicción es elevado.

Su producción se inició en China en el año 2006 y se fue extendiendo su consumo rápidamente por todo el mundo. En nuestro país se  empezó a comercializar en tiendas especializadas, y su venta se ha disparado en los últimos dos años. Recientemente, el Comisionado para el Mercado de Tabaco permite su venta en los estancos como “productos para el fumador”, pero aún no se dispone en España de datos fiables sobre su consumo.