Nutrición con visión de salud planetaria: cuando la Atención Primaria cuida a las personas y al planeta
Las médicas de familia autoras de “Nutrición con visión de salud planetaria: estrategias para atención primaria” defienden en su artículo de la revista Atención Primaria que comer es uno de los actos más cotidianos y también uno de los más decisivos para la salud pública y la crisis climática.
Alimentarse es una necesidad básica y, a la vez, una acción con profundas implicaciones sanitarias, sociales y ambientales ya que nos “conecta directa e ineludible con la naturaleza”. En los países enriquecidos, el modelo actual de consumo no solo está deteriorando la salud de la población, sino que se ha convertido en uno de los grandes motores del cambio climático. El sistema alimentario, basado en un alto consumo de productos de origen animal, el uso intensivo de fertilizantes, el abuso de antibióticos en la ganadería, el desperdicio alimentario y la proliferación de ultraprocesados, está contribuyendo de forma directa a la degradación del planeta y al aumento de enfermedades crónicas.
Esta es la tesis central del artículo “Nutrición con visión de salud planetaria: estrategias para atención primaria”, firmado por Paula Bellido, Montserrat Royo, Violeta Ramírez y Elena Robles, médicas de familia, y publicado recientemente en Atención Primaria. Desde la perspectiva de “Una Sola Salud” (One Health), el texto defiende que la salud humana, la salud animal y la salud ambiental forman un sistema interdependiente, y que cualquier intervención sobre uno de estos ámbitos termina repercutiendo en los otros.
El sistema alimentario como problema de salud pública
Las especialistas de familia describen el sistema alimentario como el núcleo del llamado “trilema dieta–medio ambiente–salud”. Es decir, que “el sistema de producción alimentario y los hábitos de consumo de la población afectan a la salud de los individuos, de la comunidad y del medio ambiente”. Según el artículo, el elevado consumo de productos de origen animal en los países enriquecidos se identifica como uno de los principales responsables del impacto ambiental de la dieta, debido a su enorme ineficiencia en el uso de recursos naturales, el elevado consumo de agua y tierra, y las altas emisiones de gases de efecto invernadero.
A ello se suma el desperdicio alimentario masivo, que según el Fondo Mundial para la Naturaleza estima que alcanza cifras cercanas al “40% de los alimentos cultivados a nivel mundial”, convirtiéndose en una de las mayores fuentes indirectas de emisiones de CO₂. Este modelo alimentario no solo daña el medio ambiente, sino que debilita la seguridad alimentaria global, aumenta la vulnerabilidad del sistema y agrava las desigualdades sociales, afectando especialmente a las poblaciones más empobrecidas.
Dietas sostenibles, dietas más sanas
El artículo de Atención Primaria muestra que sostenibilidad y salud no son objetivos opuestos, sino convergentes. Los patrones alimentarios dominantes en los países enriquecidos se caracterizan por un “exceso de calorías debido a los productos ultraprocesados ricos en grasas saturadas y azúcares (salsas, bollería industrial, bebidas azucaradas) y a un consumo demasiado elevado de productos de origen animal. Además, son deficitarias en fibra y micronutrientes provenientes de productos de origen vegetal, a pesar de tener fácil acceso a estos productos”, que “favorecen el desarrollo de enfermedades metabólicas y aumentan la mortalidad precoz”. No en vano, el artículo señala que “un informe de The Lancet reveló en 2024 que 11.2 millones de las muertes producidas en 2020 se debieron a dietas insalubres relacionadas con el sistema agroalimentario”.
Frente a este modelo, las dietas basadas mayoritariamente en productos de origen vegetal —como la dieta planetaria propuesta por la Comisión EAT-Lancet— ofrecen beneficios simultáneos: reducen de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, disminuyen el consumo de recursos naturales y mejoran los indicadores de salud cardiometabólica. La transición hacia dietas más sostenibles se presenta, así como una oportunidad para mejorar la salud individual y colectiva, reforzar la resiliencia del sistema alimentario y reducir la presión ecológica sobre el planeta.
La consulta de Atención Primaria como espacio de transformación
En este sentido, la Atención Primaria ocupa una posición estratégica para liderar este cambio. La cercanía, la continuidad asistencial y la relación de confianza con los pacientes convierten a los y las especialistas de familia y a las consultas en espacios privilegiados para generar transformaciones reales y sostenibles en los hábitos de vida.
El artículo propone integrar la sostenibilidad alimentaria en la práctica clínica mediante estrategias concretas: prescripción de dietas planetarias adaptadas culturalmente, educación en lectura de etiquetas, promoción del consumo de productos locales y de temporada, reducción del desperdicio alimentario y actividades comunitarias vinculadas a la soberanía alimentaria. El objetivo no es imponer modelos ideales, sino acompañar procesos realistas, adaptados a las condiciones sociales, culturales y económicas de cada persona.
Disruptores endocrinos y justicia social
Por otro lado, las médicas de familia ponen el foco en los disruptores endocrinos —“sustancias químicas exógenas capaces de imitar o modificar el efecto de ciertas hormonas del cuerpo “— como un problema emergente de salud pública y ambiental. Estas sustancias, presentes en envases, plásticos, pesticidas y alimentos procesados, “y la eficiencia actual apunta a que están implicaos en la etiopatogenia de múltiples enfermedades como la obesidad, la infertilidad y algunos tipos de cáncer”, además de su impacto negativo en la biodiversidad y la calidad del agua. La reducción de la exposición se convierte así en una estrategia conjunta de protección de la salud humana y del medio ambiente.
Al mismo tiempo, las autoras subrayan que la transición hacia dietas sostenibles no puede desvincularse de la realidad social. Aunque la base de estas dietas —legumbres, cereales, frutas y verduras— puede ser accesible, la sostenibilidad también implica tiempo, planificación y acceso a información. Por ello, defienden que las recomendaciones deben adaptarse a los contextos reales de cada persona y comunidad, evitando discursos culpabilizadores y apostando por políticas públicas, educación y justicia social.
Mirar al futuro
El artículo concluye con una llamada a integrar la salud planetaria en la formación universitaria, la especialización sanitaria y la formación continuada. La nutrición sostenible, la salud ambiental y los determinantes sociales deben formar parte del núcleo competencial de la práctica clínica.
En un contexto de crisis climática, desigualdad creciente y degradación ambiental, la alimentación se convierte en uno de los puntos de intervención más poderosos para proteger simultáneamente la salud de las personas, de las comunidades y del planeta. Integrar esta mirada en la Atención Primaria no es una opción ideológica, sino una necesidad sanitaria, social y ética del siglo XXI.
Lee el articulo completo aquí.
Más información:
- Documento “Alimentos Planeta Salud. Alimentos saludables de sistemas alimentarios sostenibles” de la EAT
- Artículo sobre el Desperdicio Alimentario del Fondo Mundial para la Naturaleza