Qué hacer como médico o médica de familia para reducir la huella de carbono
Cada día, miles de consultas de Atención Primaria se ponen en marcha en España: luces que se encienden, ordenadores que arrancan, pacientes que se desplazan, pruebas que se solicitan, tratamientos que se prescriben. Todo suma. Y también todo emite. Aunque todavía no existen datos oficiales sobre la huella de carbono específica de la Atención Primaria en el país, los estudios internacionales empiezan a dibujar esta realidad: la práctica clínica cotidiana tiene un impacto ambiental que hay que afrontar.
“La evidencia disponible fuera de España estima que una consulta media con el médico de cabecera genera entre 4 y 5 kilos de CO₂ equivalente”, explica Cristina Almécija, médica de familia y coordinadora del Programa de Salud Planetaria de la semFYC. Ese impacto se dispara con el uso de medicamentos: “Si se incluyen los productos farmacéuticos, la huella puede llegar hasta los 66 kilos de CO₂ equivalente por consulta”.
El transporte de pacientes y profesionales, la calefacción o el consumo energético explican buena parte de estas emisiones. Sin embargo, cabe destacar que muchas de estas pueden reducirse desde la propia consulta de Atención Primaria.
Pequeñas decisiones, grandes impactos
Para Almécija, la sostenibilidad no empieza con grandes inversiones, sino con decisiones cotidianas. “En la consulta podemos limitar el uso de guantes a cuando realmente exista riesgo, evitar el uso sistemático de sabanillas desechables, imprimir solo lo imprescindible o cuidar el instrumental para alargar su vida útil”, señala. También recomienda optar por pilas recargables, maximizar el uso de consumibles y separar correctamente los residuos para facilitar el reciclaje.
Uno de los ámbitos con mayor impacto ambiental es la prescripción farmacológica. “Un único medicamento puede emitir de media unos 5 kilos de CO₂ equivalente, y en el caso de los inhaladores presurizados esta cifra puede subir hasta los 28 kilos”, advierte Almécija. Por eso, insiste en que “prescribir de manera razonada y revisar la medicación crónica es prioritario para rebajar la huella de nuestra práctica”.
La misma lógica se aplica a las pruebas diagnósticas. “Solo hay que pensar en todo lo que implica una prueba radiológica: desplazamientos, consumo eléctrico, a veces agua, y generación de residuos”, explica. Reducir las pruebas innecesarias no solo mejora la calidad asistencial, sino que también protege el medio ambiente.
Hábitos sostenibles en el centro de salud
La organización del trabajo también cuenta. “Coordinar agendas para evitar visitas múltiples, optimizar la teleconsulta bien diseñada, mejorar la gestión de suministros o establecer protocolos de eficiencia energética puede reducir el impacto climático sin afectar a la calidad, e incluso mejorándola”, afirma.
La consulta de Atención Primaria es, además, un espacio privilegiado para fomentar hábitos saludables que benefician tanto a las personas como al entorno. “Podemos integrar la salud planetaria de forma natural en la conversación clínica”, sostiene Almécija. Hablar de alimentación saludable basada en vegetales, promover productos de cercanía y temporada, prescribir actividad física al aire libre o explicar los efectos de la contaminación atmosférica son algunas de las oportunidades diarias.
Además, “hay que hablar de los beneficios del contacto con los espacios verdes para la salud, promover el cese de hábitos tóxicos como el consumo de alcohol y tabaco, que tienen también impacto medioambiental, y explicarles los efectos de la contaminación atmosférica en la salud y cómo el índice de calidad del aire puede ayudarles a tomar decisiones para protegerse”, sentencia esta especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Eso sí, con un enfoque claro: “Es importante presentar los cambios como oportunidades de bienestar y no como obligaciones morales, validar los pequeños esfuerzos y evitar mensajes que generen ansiedad climática”.
Casos de éxito y salud planetaria como competencia
Algunos centros de salud ya están demostrando que el cambio es posible. Almécija cita el CAP Muralles de Tarragona, con placas solares, digitalización administrativa, iluminación LED y bicicletas eléctricas para visitas domiciliarias, o el Proyecto Higía del Centro de Salud Los Ángeles, en Madrid, que aborda la sostenibilidad desde infraestructuras, prescripción, gestión y hábitos del paciente.
Para Almécija, la implicación de los médicos y las médicas de familia no es opcional. “Estamos entre los y las profesionales con más contacto y continuidad con los pacientes, somos referentes de confianza”, afirma. Y añade: “Sabemos que el impacto de nuestra práctica diaria no es nada desdeñable, por lo que tenemos la responsabilidad de actuar para minimizarlo” y añade que “las consecuencias de la crisis climática ya las estamos viendo en las consultas: más olas de calor, alergias, patología respiratoria y enfermedades cardiovasculares, enfermedades causadas por vectores… de modo que es nuestra responsabilidad contribuir a reducir su incidencia minimizando nuestro impacto. Se trata de hacer la mejor medicina en un contexto de emergencia climática”.
A quienes creen que la huella de carbono no entra dentro de sus competencias, responde con contundencia: “Reducir la huella de carbono de nuestra práctica entra dentro de nuestras competencias, porque cuidamos la salud a lo largo de la vida, en su contexto social y ambiental”.
“En un planeta enfermo, las consultas se llenan”, concluye. “Y nadie está mejor situado para verlo y actuar que quienes cuidamos de la población a lo largo de toda su vida”.