Raquel Rodríguez: “Atender en Atención Primaria con las gafas violetas puestas nos permite ser mejores profesionales y acompañar a las mujeres como se merecen”
Las médicas de familia y comunitaria juegan un papel clave para empezar a transformar la atención sanitaria y hacerla más equitativa. Así lo defiende Raquel Rodríguez, especialista y próxima coordinadora del grupo de trabajo de Salud Integral de la Mujer de la semFYC.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a Raquel Rodríguez, que nos explica que, además de tener claro desde el inicio que quería ser médica de familia, siempre le han interesado las historias que cuentan las mujeres en la consulta, un espacio que —para ella— puede convertirse en un altavoz para visibilizar y combatir las desigualdades y los sesgos de género aún existentes. No obstante, también subraya la falta de formación específica para identificarlos y abordarlos adecuadamente desde el ámbito sanitario.
En este Día Internacional de la Mujer, ¿qué crees que significa visibilizar la salud integral de las mujeres en España y por qué es un tema de justicia social?
Hablamos de salud integral porque queremos que se visibilice la salud de forma completa, abarcando no solo aspectos relacionados estrictamente con el sexo femenino (más biológicos), sino también con el género, las condiciones laborales y económicas o los roles de género, entre otras muchas cosas. Creemos que también es clave poder hablar de la salud sexual y reproductiva, y de los derechos vinculados a esta.
Diría que visibilizar la salud integral de las mujeres en España es reconocer que sus cuerpos, experiencias y necesidades han sido históricamente ignorados y que esa invisibilidad ha generado desigualdad. Es un acto de justicia social porque garantiza que la mitad de la población tenga acceso a una atención sanitaria justa, basada en evidencia y libre de sesgos.
¿Qué te motivó a especializarte en la salud de las mujeres? ¿Qué representa para ti coordinar un grupo que busca transformar la práctica médica con perspectiva de género?
Desde los primeros años de la carrera tenía clara la especialidad de medicina familiar y comunitaria y siempre he sido sensible a las injusticias sociales y la atención de los grupos más vulnerables. Diría que, dentro de cada uno de estos grupos, el añadido de ser mujer tiene un plus que hace que al escucharlas algo se remueve en mi yo mujer.
Siempre me han interesado cada una de las historias que cuentan las mujeres en la consulta, y de una forma natural he ido escogiendo mi formación en ese sentido, para entenderlas, para atenderlas y ofrecerles opciones de vida.
Llevo 21 años activa en la semFYC, 19 años como coordinadora del Grupo de Trabajo de Atención a la Mujer de SoMaMFyC y desde 2019 en este grupo de semFYC. Pasar a ser coordinadora es un tema de responsabilidad, es dar un paso adelante para tomar el relevo de Anna Pujol, que lo ha hecho fenomenal durante estos años pasados, cohesionando el grupo y colocándolo en un sitio más visible en la sociedad. En este recorrido, hemos dejado de ser un grupo que solo atendía parcelas de la salud de las mujeres a uno que piensa que la atención tiene que ser integral. Solo espero ser capaz de movilizar el grupo para seguir avanzando en ese sentido.
Hablar de salud con perspectiva de género es fundamental, pero también lo es el enfoque interseccional. ¿Cómo se asegura el grupo de atender las diferentes realidades de mujeres según edad, clase social, etnia o situación de vulnerabilidad?
La perspectiva de género es lo que nos transversa como grupo, pero no tendría sentido obviar la mirada interseccional que forma parte de esta perspectiva. La realidad es que tener en cuenta otros ejes que generan desigualdades, como el origen, la clase social, o la identidad de género, entre otros, son clave para poder entender mejor la realidad de las mujeres a las que atendemos. En este sentido, uno de nuestros objetivos es hacer más sinergias con otros grupos como el de Inequidades en Salud.
La violencia contra las mujeres sigue siendo una pandemia silenciosa. ¿Qué herramientas crees que deberían tener los y las profesionales de salud para detectarla y acompañar de forma segura a las mujeres que la sufren?
Creo que en las consultas se sigue normalizando la violencia de género (VG) cuando no lleva detrás una agresión física verbalizada por la mujer. Sin embargo, ya sabemos que la VG no es solo física, sino que existen otro tipo de violencias que también impactan en la salud de las mujeres. En este sentido, creo que es necesaria una mayor formación en VG, ya desde la universidad y también en la formación especializada, me atrevería a decir, que obligatoria. A día de hoy solo recibimos formación quienes estamos interesadas o sensibilizadas y desafortunadamente somos minoría. Si no te formas, no adquieres la mirada necesaria para detectarla.
Además, algo que ya hemos tratado en el grupo de trabajo, es que creemos que hace falta unificar criterios, ya que actualmente cada comunidad tiene sus propios protocolos que, además, suelen ser desconocidos por la mayoría de profesionales.
Muchas veces la salud femenina se sobre medicaliza. ¿Cómo consideras que se puede fomentar la prevención y la promoción de la salud sin caer en la medicalización innecesaria, especialmente en etapas como la adolescencia, la maternidad o la menopausia?
Sin duda alguna, las mujeres estamos sobre medicalizadas. Se siguen haciendo revisiones ginecológicas que no tienen sentido, sin evidencia científica. Pasamos de ser invisibles a ser utilizadas con intereses políticos y comerciales. Así nos vemos sometidas a pruebas preventivas que no han demostrado el propósito para el que se hacen, medicalización del embarazo o la menopausia como si fueran enfermedades en vez de etapas naturales y promoción de una estética normativa que esconde muchos conflictos de interés. En este sentido, creo que hace falta tener acceso a campañas informativas dirigidas a la población.
Finalmente, mirando al futuro y a la igualdad, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a todas las mujeres y a la sociedad sobre la importancia de una atención médica integral y con perspectiva de género?
Me parece una pregunta muy difícil, porque creo que no se trata de dar mensajes universales sino de hacerlo posible en el día a día en cada consulta y en cada situación que se nos presenta. Cómo médicas de familia y comunitaria, jugamos un papel clave y podemos ser altavoz en relación con las desigualdades y sesgos de género que existen, con el fin de poder empezar a transformar la atención sanitaria, para que esta sea más equitativa.
En defensa de la sanidad pública, diré que la salud es un derecho universal para toda la población, y que debemos ser capaces de mantenerlo, adaptarlo y agrandarlo desde todas las perspectivas posibles.
Porque, en definitiva, atender en Atención Primaria con las gafas violetas puestas nos permite ser mejores profesionales y acompañar a las mujeres como se merecen.