Lo que Atención Primaria ha perdido en 2020 por culpa de la pandemia…

Cuando se cumple un año del inicio de la pandemia, el editorial del número de febrero de la revista AMF hace un pequeño balance sobre cómo ha repercutido la convivencia de la Atención Primaria con la covid-19 durante el 2020.

Lo primero que subrayan sus autores, Carolina Guiriguet Capdevila y Ermengol Coma Redon, es la cantidad de tiempo que ha robado a los médicos de los centros de salud. Nada menos que el 27% de las visitas de pacientes de entre 15 y 65 años estuvieron relacionados con la pandemia.

Además, muchos pacientes han sido atendidos en residencias, para las que los médicos de AP han establecido circuitos de atención. También se ha incrementado el acompañamiento de familias; y los cuidados paliativos en situación de final de vida. Todo ello con un impacto psicológico que ha pasado, pasa o pasará factura.

Los facultativos han sabido adaptarse a la situación en todos los sentidos. También en lo que se refiere a la forma de pasar consulta: el 73% de las visitas por causas no relacionadas con la COVID-19 ha sido no presencial. Con lo que ello supone de pérdida de pequeños gestos, miradas o silencios, que tanto ayudan en los diagnósticos.

Pero si algo resulta doloroso a los profesionales del primer nivel asistencial son las percusiones en el diagnóstico y pronóstico de otras enfermedades a corto, medio y largo plazo. Un ejemplo: la reducción en la incidencia de cáncer del 34%.

Lo mismo sucede los pacientes crónicos, cuyo cribado, seguimiento y control disminuyó drásticamente durante el pasado año. “Y es que durante esta pandemia, los cambios organizativos introducidos (como crear agendas comunes para atender a los pacientes respiratorios) han supuesto una nueva amenaza a la ya malograda longitudinalidad. Recuperarla será uno de los grandes retos de futuro”, aseguran los autores del texto.

Aunque también ha habido consecuencias positivas, como la cronoterapia voluntaria de algunos pacientes; o las reducción de pruebas de escaso valor clínico. Y esa tiene que ser una lección a aprender del 2020, que hay que tratar de mantener de cara al futuro: la mejora de la prevención cuaternaria, el fomento del autocuidado y la reducción de los contactos médicos innecesarios.

 

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