“Estamos más conectados que nunca en la historia, y también nos sentimos más aislados que nunca”

Entrevistamos a Enrique Gavilán, un médico de familia que se define como un especialista de vocación tardía, decidió finalmente ser médico de pueblo y practicar la Medicina poniendo a los pacientes en primer lugar. Gavilán acaba de publicar el libro Cuando ya no puedes más. Viaje interior de un médico (ANACONDA EDITIONS) y será el coordinador de la mesa de AMF en el Congreso XL de la semFYC que celebraremos en Valencia en 2020 (www.congresodelasemfyc.es). En este libro tan especial, cuenta su memoria personal de la crisis, los recortes, la depresión… y cómo pidió ayuda y se recuperó. Hoy ejerce en Extremadura como médico rural.

 

 

Buenos días y muchas gracias Enrique por concedernos esta entrevista acerca de tu libro. Queríamos empezar preguntándote ¿qué hay cuando ya no puedes más? 

Hay vacío y soledad. Te das cuenta de que has intentado muchas cosas, has llamado a muchas puertas, has tratado de cambiar desesperadamente hábitos, pensamientos y dinámicas, pero sigues igual, y ves que todo ha sido en vano. Y te encuentras ante mucha incomprensión. Hay compañeros y compañeras que te dan consejos, pero te enfrentas a un alto grado de incertidumbre.

 

¿Qué te dicen los compañeros en estas situaciones? 

La mayoría, de forma bienintencionada, te intenta dar ánimos. Otros, por el contrario, no te entienden y te dicen que no tienes motivos para sentirte mal porque eres un afortunado, que no es para tanto y que te tienes que conformar con lo que hay. Al final terminas por creerte que te quejas de vicio, cuando en realidad te sientes alejado de todo y tú no eres el culpable de tu situación.

 

¿También te sientes lejos de los pacientes o acabas sintiéndote como uno de ellos? 

En alguna ocasión ha ocurrido que me he sentido como un paciente, sin duda. Una vez, en un día de esos caóticos, hubo una persona que me vio como despistado y cansado y me preguntó por qué estaba así. Le expliqué cómo era nuestro día a día en el Centro de Salud, mis ansiedades y los problemas organizativos a los que nos enfrentábamos. Le comenté que estaba fuera de mí, que estaba desconectado y que me parecía que nada tenía sentido. Me dijo que no valía la pena vivir así, que la vida no debía ser malograda de esta forma. Sus palabras y su actitud me trasmitieron muchísima paz.

 

¿Dirías que tu trato con los pacientes se vio perjudicado por tu situación de burnout

Creo que sí. A veces venían pacientes y me decían que dormían mal, por ejemplo, y yo les respondía que a mi también me pasaba lo mismo, y no lo hacía de la mejor manera, me sentía enfadado.

 

¿Piensas que escribir ha sido una de las mejores terapias que has podido realizar? 

Sin duda. Pero cada uno tiene que encontrar su camino. Personalmente, incito mucho a los pacientes a que hagan ejercicios relacionados con la creatividad, como la escritura o el arte. Está comprobado que la creatividad es buena para nuestra salud, así que escribir fue una de las mejoras cosas que pude hacer, y el hecho de poder finalizar un libro ha sido una gran experiencia.

 

Tras haber reflexionado mucho sobre ello y analizado las causas del estrés, ¿qué crees que falló exactamente? 

Pienso que fallaron muchas cosas y muy distintas. Creo que en mi caso particular me enfrenté a un caos administrativo en mi Centro de Salud muy complicado de gestionar. Si a las duras condiciones de los médicos de familia de nuestro sistema le añades este punto de caos e incertidumbre, y de cierto mal ambiente entre colegas, entonces tienes una situación muy peligrosa. A mí nadie me había enseñado a diagnosticar o a acompañar a un duelo en 5 minutos. Esa contradicción entre el cómo debería funcionar la especialidad, con sus valores y principios y su ética, y la realidad, junto a la falta de liderazgo, la dura carga de trabajo, o las jornadas laborales interminables… eso es lo que provocó este choque entre la vocación y el duro día a día.

 

¿Cómo te sientes al leer lo que escribiste hace unos años ahora y, sobre todo, al verlo publicado? 

Me doy cuenta de que no es un libro de autoayuda, aunque muchos compañeros que lo lean se sentirán reflejados. Me gustaría ahondar en la idea de que el burnout no es algo que tú provoques. Tú no tienes burnout porque no sepas gestionar tus emociones o la tensión, si no porque el sistema te pone ahí, y eso no debería de pasar. Ahora ya he podido superarlo todo. Estoy en otro contexto, en otro centro, y sé que se pueden cambiar las cosas, a veces cambiándolo todo.

 

 

¿Qué crees que pensaría la Ministra de Sanidad tras leer el libro o los políticos en general? 

Bien, la Ministra de Sanidad en funciones no creo que tenga mucho tiempo para leerme, y a sus señorías los políticos, no tengo muy claro que les interese, seguramente porque no estoy seguro si ellos siquiera van al Centro de Salud. Sería interesante, sin duda, saber lo qué piensan, aunque, sinceramente, no espero mucho de ellos. Hay muchos consejeros en España que son médicos de familia, algunos de ellos con una gran preparación y con muy buenas intenciones. Sin embargo, cuando se topan con la realidad, hacen lo que pueden, y a menudo esto significa renunciar a lo que querían.

 

¿Qué podríamos hacer desde las organizaciones científicas como la semFYC para mejorar las cosas y prevenir situaciones como la que te ocurrió? 

Personalmente, hecho un poco en falta el lado humano de esta clase de organizaciones. Creo que a veces no nos hemos sentido tratados como miembros de un colectivo, que no nos hemos cuidado lo suficiente los unos de los otros ante situaciones en las que hay el riesgo de claudicar. El espíritu de la Medicina de Familia y Comunitaria es precisamente este. Es cierto que la semFYC es la más sensible a los problemas de los médicos y las médicas de familia de a pie, la más sensible a la vertiente humanista de la medicina. Había una revista que estaba muy bien, llamada Dimensión Humana, que se dejó de hacer, pero que perseguía un poco el dar voz a esta intención más humanista.

 

Tal vez la sociedad de la inmediatez hace que proyectos así sean más difíciles de sostener… 

Sin duda, es un fenómeno global. La tecnología lo está cambiando todo, o más bien dicho, el uso que le damos a la tecnología. La revolución tecnológica nos ha ayudado muchísimo, aunque también es cierto que nos está alejando los unos de los otros. Estamos más conectados que nunca en la historia, y también nos sentimos más aislados que nunca. La tecnificación y la modificación de las relaciones humanas lo están cambiando todo.

 

¿Crees que campañas como las que lanzamos de 1 Médico de Familia + por cada 10.000 habitantes ayudan? 

Creo que sí, pero a lo mejor no son suficientes. Incluso hay muchos médicos de familia que se ven obligados a emigrar buscando trabajo. Por otro lado, es necesario redimensionar las cargas de trabajo. Y, como no, se hace necesario reducir la demanda de servicios sanitarios: a veces, menos es más. Eso último es lo que nos llevará más tiempo, porque hacen falta buenos recursos y una estrategia clara que vaya más allá de lo puramente sanitario.

 

En los países nórdicos son líderes en ese sentido, se hace un cribaje especialmente eficiente vía telefónica que permite que las Urgencias no se masifiquen… 

El tema de los filtros me parece que es una buena idea y que podría ayudar a reconducir las cargas de trabajo. Pero también hay que tener en cuenta que hay muchas otras medidas.

 

¿Cómo es trabajar en el mundo rural, como lo haces tú actualmente? 

El mundo rural es complejo y en nuestra formación se nos enseñan más bien pocas cosas del ámbito rural, de modo que cuando llegamos aquí nos damos cuenta de una realidad muy diferente. En la España rural de Extremadura donde trabajo, no hay posibilidades de progreso real para las nuevas generaciones, de manera que la población envejece y los jóvenes se marchan. Esto se nota con la pérdida de servicios de los pueblos. Lugares que antes tenían un banco, mercado o tiendas, ahora solamente tienen un bar y el centro de salud, o ni siquiera eso. Es una realidad muy dura, que ocurre a nivel mundial con la despoblación masiva del ámbito rural a favor de las ciudades y esta es una tendencia difícil de revertir.

 

En tu biografía, en el libro, explicas que jamás pensaste que llegarías a ser médico y que trabajaste realizando tareas de almacén en el negocio de la familia. ¿Eres la primera generación de médicos de tu casa? 

Así es. Mi familia no es una familia médica. Ya desde joven tenía esa imagen idílica de la Medicina, de ayudar a la gente y crear un mundo más sano. Pero cuando estudias no ves a ningún paciente hasta la mitad de la carrera, así que es fácil que esos pensamientos utópicos entren en crisis cuando empiezas a pisar la consulta. El libro es autobiográfico, no quería hablar solamente de la Medicina ni promocionar la especialidad.

 

s bien parece que intentas ayuentar a los médicos vocacionales a que no elijan MFyC… 

(Ríe) No te digo que no. Pero al final todo acaba bien, es un final feliz, me reconcilio con mi profesión y disfruto de la especialidad médica más bonita. Creo que sí es cierto que el libro alerta de la imagen romanticona que estábamos dando de nuestro trabajo, y si me la hubieran explicado antes tal vez hubiera estado más preparado para afrontar el caos.

 

Y entonces este libro nunca hubiera existido. 

Así es.

 

¿Cómo van las presentaciones? 

Tenemos muchas. El próximo 27 de septiembre estaré en Málaga, el 3 de octubre en Madrid, el 17 de octubre en Barcelona, el 29 de octubre en Pamplona, el 30 de octubre en Bilbao, el 31 de octubre en Gijón y el 9 de noviembre en Toledo.

 

¿Pasarás por algún evento de la semFYC? 

Me encantará presentarlo, si me lo proponen, claro, sería un placer. De momento sigo muy implicado coordinando la mesa de AMF y esperando con ganas que llegue el 40º Congreso de Valencia 2020.

 

Enrique Gavilán

Cuando ya no puedes más. Viaje interior de un médico 

Editorial: ANACONDA EDITIONS

Ilustradora: Mónica Lalanda (@mlalanda)