¿Qué hay de nuevo en la relación ACTIVIDAD FÍSICA-SALUD?

He recibido de mis compañeros del GAFS el encargo de mostraros las evidencias del último año en la estrecha relación que mantienen la actividad física y la salud.

Tras la portada de la presentación (Diapositiva 1, D#1), en la segunda y tercera (D#2 y D#3) ofrecemos una foto en la puerta de la Unidad-Escuela de Estilos de Vida Saludables de nuestro centro de salud, y un esquema de lo que hacemos en ella: la consulta para ayudar al fumador a escapar de su trágico final, el programa con el que ayudamos a los que quieren perder peso, el variado y estimulante trabajo en la comunidad, y la docencia y la investigación como parte del “alimento” con el que nos motivamos y estimulamos a mejorar nuestras actividades.

(D#4) ¿DE QUÉ HABLAREMOS?

 

De lo nuevo:

• Se acumulan evidencias sobre el efecto tóxico de la inactividad
• Nunca es tarde para comenzar
• Disponemos de la mejor vacuna frente al cáncer
• No sólo de “cardio” vive el hombre
• “Poco es mucho”, incluso una sola sesión
• ¿Practicar AF “con moderación”? ¡No! ¡Más es mejor!
De lo conocido, aún más trascendental (para nuestra labor)
• Es comprensible nuestra inacción
• Disponemos de un “kit” de intervención eficaz

Un mensaje (directo) a nuestra vocación

 

1. ¿QUÉ HUBO DE NUEVO EL ÚLTIMO AÑO EN LA RELACIÓN AF-SALUD?

(D#5 y 6)

1.1 Se acumulan las evidencias sobre el efecto tóxico de la inactividad física. El gráfico muestra que, como ha venido sucediendo con el tabaquismo, no dejan de acumularse evidencias consistentes sobre el daño que produce la ausencia/escasez de actividad física (AF) sobre los diversos aparatos y sistemas del organismo humano. Evidencias que seguro seguirán aumentando a buen ritmo en las próximas décadas.

Referencia: Booth FW, Roberts CK, Thyfault JP, Ruegsegger GN, Toedebusch RG. Role of Inactivity in Chronic Diseases: Evolutionary Insight and Pathophysiological Mechanisms.

Physiol Rev. 2017 Oct 1;97(4):1351-1402. doi: 10.1152/physrev.00019.2016.

Enlace: https://www.physiology.org/doi/abs/10.1152/physrev.00019.2016?url_ver=Z39.88-2003&rfr_id=ori%3Arid%3Acrossref.org&rfr_dat=cr_pub%3Dpubmed.

Resumen comentado: El estudio, una revisión sistemática (RS) y metaanálisis (MA), propone que la inactividad física podría considerarse una conducta seleccionada por la evolución para el descanso y para las situaciones de riesgo vital en las que el ejercicio sería peligroso. Detrás de esta idea están los estudios en gemelos humanos y los estudios de crianza selectiva de animales, que proporcionan evidencia indirecta de la existencia de genes para la inactividad física.

Por otra parte, aproximadamente el 86% de los 325 millones de la población de los Estados Unidos (EE. UU.) no alcanzan los niveles mínimos recomendados de AF por el gobierno de EE. UU. y la Organización Mundial de la Salud (150 minutos/semana de AF moderada…). Y, que “Aunque infravalorada, la inactividad física es una causa real que contribuye al menos a 35 condiciones insalubres, incluida la mayoría de las 10 principales causas de muerte en los EE. UU.” causando daño a múltiples niveles, incluidos el comportamiento, el sistema nervioso central, la capacidad cardiorrespiratoria, el metabolismo, el tejido adiposo, el músculo esquelético, los huesos, la inmunidad, la digestión y el cáncer (facilitando su aparición, desarrollo y recidiva).

Destacan los autores, en las conclusiones que “La inactividad física, a menudo, juega un papel independiente como una causa directa que acelera las pérdidas de la capacidad cardiovascular y de fuerza, el acortamiento del estado de salud y la disminución de la edad para el inicio de la primera enfermedad crónica. Que a su vez, disminuye la calidad del vida, aumenta los costes de atención médica y acelera el riesgo de mortalidad.”

(D#7)
1.2. Nunca es tarde para incrementar la AF. Y los beneficios son extraordinarios.

Por otro lado, no dejan de aparecer consistentes evidencias sobre los beneficios que reporta, a numerosos órganos y funciones del organismo humano, la práctica de AF.

El seguimiento de la cohorte Oslo II (14.846 hombres mayores de 70 años) muestra que al incrementar en 30 minutos, seis días por semana, la AF en el tiempo de ocio, se produce una reducción del 40% en el riesgo de mortalidad total y un aumento de cinco años de vida en los que la AF fue de suficiente intensidad.

Referencia: I. Holme, S. A. Anderssen. Increases in physical activity is as important as smoking cessation for reduction in total mortality in elderly men: 12 years of follow-up of the Oslo II study. British Journal of Sports Medicine, 2015; 49 (11): 743 DOI: 10.1136/bjsports-2014-094522.

Enlace: https://bjsm.bmj.com/content/49/11/743.

Resumen comentado: Se estudiaron las relaciones entre AF, tabaquismo y mortalidad cardiovascular (CV), no CV y por cualquier causa tras 12 años de seguimiento en varones mayores de Oslo, con enfermedad cardiovascular, entre los años 1972-1973 y 2000. De los 14 846 hombres nacidos durante los años 1923-1932 que participaron en 1972-1973 (estudio Oslo I), quedaron 5738 participantes en el año 2000 (Estudio Oslo II). Durante los siguientes 12 años de seguimiento (hasta 2012), 2154 murieron.

Tras aplicar el Modelo de regresión de Cox, los resultados mostraron que 30 minutos de AF durante 6 días a la semana se asocia con alrededor del 40% de reducción del riesgo de mortalidad.

Se encontraron asimismo 5 años de incremento de vida en los hombres moderadamente activos (caminar, montar en bicicleta) y en los que practicaron AF vigorosa (competición, etc.) en comparación con los de hábito sedentario. El aumento en AF resultó pues tan beneficioso como dejar de fumar en reducción de mortalidad.

Conclusiones: Incluso a la edad de 73 años, la AF está altamente asociada con la mortalidad entre grupos de personas sedentarias y activas.
En el estudio de Oslo, gracias al gran periodo de tiempo de seguimiento, también se ha demostrado que los beneficios del ejercicio se pierden si se deja de hacerlo. Por ejemplo, los hombres que eran activos en los 70 y lo dejaron en el 2000 tenían el mismo riesgo de muerte que los que nunca hicieron actividad física. Los que eran sedentarios en los 70 y comenzaron a hacer ejercicio en 2000, mostraron un riesgo de muerte un 44% más bajo que los inactivos/sedentarios.

Los autores concluyen asegurando que las estrategias poblacionales de salud en hombres de edad avanzada deberían incluir esfuerzos para aumentar la AF, en línea con los esfuerzos para reducir la conducta de fumar.

(D#7)

 

1.3. La mejor vacuna disponible frente al cáncer

¿Prescribirías a tus pacientes una vacuna que les redujese un 10-25% el riesgo de desarrollar los más probables cánceres (¡todos a la vez!) que pueden sufrir?

Puedes hacerlo, sin coste ni efectos adversos apreciables, sin interacciones, y con muchos efectos “colaterales” muy beneficiosos… Se trata de sentarte un ratito con él/ella, mejor en visita programada, y acordar (por escrito, en una tabla que puedes diseñar tú mismo, o te enviamos la que utilizamos nosotros) un plan semanal de ejercicio de acuerdo con su forma física, sus enfermedades, sus posibilidades y sus preferencias.

No “funcionará” en todos, como tampoco lo hacen siempre los fármacos, y si comparamos el riesgo, el coste y los beneficios añadidos de éstos con el que tiene la prescripción de 3-5 sesiones de ejercicio semanales, no hay color…

 

 

 

Referencia: Ruiz-Casado A, Martín-Ruiz A, Pérez LM, Provencio M, Fiuza-Luces C, Lucia A. Exercise and the Hallmarks of Cancer. Trends in cáncer, 2017, vol 3, Issue 6, Pages 423-441. DOI: 10.1016/j.trecan.2017.04.007.

Enlace: https://www.cell.com/trends/cancer/fulltext/S2405-8033(17)30084-5.

Resumen comentado: Una formidable revisión, de autores españoles, sobre los estudios mecanísticos que ayudan a explicar los efectos anticancerígenos del ejercicio. También estudiaron el papel emergente de las miocinas, reflexionan sobre algunos aspectos metodológicos en este campo y las posibles preguntas que aún deben abordarse en futuras investigaciones.

Es evidente el potencial antitumoral de un estilo de vida activo, a través de mecanismos aún no bien conocidos, como la promoción de la apoptosis en células tumorales o el incremento de la inmunidad frente a algunos cánceres.

Y aunque existen problemas de heterogeneidad entre los estudios realizados (ya de por sí son heterogéneos los distintos tipos de cánceres, los distintos tipos de ejercicio y las distintas cargas de entrenamiento estudiadas), que obligan a extrapolar algunos datos de animales para explicar la relación entre la actividad física y el cáncer, los autores afirman, en consonancia con otros estudios, que el entrenamiento de resistencia (“de fuerza”) debe acompañar al aeróbico (“cardio”) en todos los grupos de población, incluidos los pacientes con cáncer, pues también en éstos tienen efectos muy beneficiosos, por ejemplo en la frecuente atrofia muscular propia de la quimioterapia y del reposo en cama.

Sin duda, la Actividad Física regular de intensidad moderada (p. ej. caminar rápidamente) disminuye el riesgo de muchos cánceres y de la mortalidad por cáncer. Y hasta cierto punto, los beneficios de AF sobre el riesgo / mortalidad de cáncer dependen de la dosis (algo que resulta muy evidente en los atletas de élite), sin que se haya encontrado ningún efecto perjudicial en este sentido.

En estudios en animales, el ejercicio regular inhibe el inicio y la progresión del tumor en una amplia gama de modelos tumorales y de ubicaciones anatómicas.

El programa habitual en modelos animales, que muestra la inhibición de la progresión del cáncer, es el ejercicio regular la mayoría de los días de la semana (hasta 60 minutos por sesión) durante varias semanas (4-32 semanas, que se traducen en “años” humanos), utilizando ruedas donde el animal corre, ruedas donde encuentra una mayor resistencia y lugares donde practica natación.

Es abundante la cantidad de evidencia que apoya una asociación entre la actividad física regular y la disminución del riesgo de cáncer y de mortalidad por esta enfermedad. Y dada la creciente proporción de personas que mueren por esta causa en nuestro medio, sería muy importante desentrañar los mecanismos biológicos que explican los efectos preventivos de la AF frente al desarrollo del cáncer, ya que esto podría ayudar a explorar nuevas estrategias de tratamiento.

(D#9)

 

1.4. Un solo minuto de AF ya produce beneficios en salud y calidad de vida

Quizás recuerdes que hasta hace unos años (2008), se creía que las sesiones de EF debían durar al menos 30 minutos para producir beneficios a nuestra salud. Desde ese año, disponemos de evidencias potentes que mostraron que con sesiones de 10 minutos ya se obtiene beneficio.

Un nuevo estudio (que no es el único en este sentido) publicado por la American Heart demuestra que aún pequeñas dosis de AF resultan beneficiosas para la salud. No despreciemos subir un tramo de escalera, levantarnos de la mesa a llamar al siguiente paciente, aparcar un poco más lejos…

Referencia: Saint-Maurice PF, Troiano RP, Matthews CE, Kraus WE. Moderate-to-Vigorous Physical Activity and All-Cause Mortality: Do Bouts Matter? J Am Heart Assoc. 2018 Mar 22;7(6). pii: e007678. doi: 10.1161/JAHA.117.007678.

Enlace: http://jaha.ahajournals.org/content/7/6/e007678.long.

Resumen comentado: Las Guías de Actividad Física (AF) para estadounidenses de 2008 recomiendan que los adultos acumulen AF de moderada a vigorosa intensidad (MVAF) en períodos de ≥ 10 minutos para obtener beneficios sustanciales para la salud. Pero no está claro hasta qué punto la misma cantidad de AF acumulada en periodos con esa duración mínima versus esporádicamente reduce el riesgo de mortalidad.

Se analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2003-2006 y los registros de defunción disponibles hasta 2011 (período de seguimiento medio de 6.6 años, 700 muertes) para examinar las asociaciones entre la AF acumulada, medida objetivamente, con y sin la condición de 10 minutos seguidos por sesión y la mortalidad por todas las causas en una muestra representativa de adultos estadounidenses de 40 años en adelante (n = 4840).

Los datos de la AF se procesaron para generar minutos por día de MVAF total y por sesiones de corta duración (de 5 o 10 minutos, permitiendo interrupciones de 1 a 2 minutos). Las proporciones de riesgo para la mortalidad por todas las causas asociadas con MVPA total y por sesiones de corta duración fueron similares.

Los autores concluyen que estos resultados proporcionan evidencia de que las reducciones de riesgo de mortalidad asociadas con MVAF son independientes de cómo se acumula la actividad, y que ello puede afectar a las pautas de MVAF que prescribimos en la práctica clínica.

(D#10 y 11)
1.5. Cuanta más actividad física, mejor

Este formidable estudio, publicado en The Lancet a finales del año pasado muestra que cuanto más tiempo estemos activos, menor riesgo cardiovascular tendremos.

Clasificaron a más de 130.000 sujetos sin ECV en 3 tramos según la AF que realizaron durante 6-9 años de seguimiento: “Inactivos” (<150 min/semana de AF moderada), “Moderadamente activos”, a los que realizaron 150-750 min/semana y “Muy activos”, a los que realizaron más de 750 min/semana. Las reducciones en mortalidad de los dos últimos grupos respecto al primero fueron del 20 y el 35%. ¿Cuántos fármacos consiguen estas reducciones de mortalidad? ¿Cuánto costaría, en términos económicos y de toxicidad, obtener estos beneficios?

Referencia: Lear SA, Hu W, Rangarajan S, Gasevic D, Leong D, Iqbal R, Casanova A, Swaminathan S, Anjana RM, Kumar R, Rosengren A, Wei L, Yang W, Chuangshi W, Huaxing L, Nair S, Diaz R, Swidon H, Gupta R, Mohammadifard N, Lopez-Jaramillo P, Oguz A, Zatonska K, Seron P, Avezum A, Poirier P, Teo K, Yusuf S. The effect of physical activity on mortality and cardiovascular disease in 130 000 people from 17 high-income, middle-income, and low-income countries: the PURE study. Lancet. 2017 Dec 16;390(10113):2643-2654. doi: 10.1016/S0140-6736(17)31634-3.

Enlace: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(17)31634-3/fulltext.

Resumen comentado: Sabemos que la AF tiene un efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares (ECV) en países de altos ingresos, en los que la AF es principalmente recreativa, pero no se sabe si esto también se observa en países de bajos ingresos, donde la AF es principalmente no recreativa. Se examinaron también si las diferentes cantidades y tipos de actividad física están asociados con una menor mortalidad y ECV en países con diferentes niveles económicos.

Se trata de un estudio de cohorte prospectivo, en el que se reclutaron más de 130.000 sujetos de 17 países (Canadá, Suecia, Emiratos Árabes Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Polonia, Turquía, Malasia, Sudáfrica, China, Colombia, Irán, Bangladesh, India, Pakistán y Zimbabue). Dentro de cada país, se identificaron áreas urbanas y rurales, para reflejar la diversidad geográfica. Dentro de estas comunidades, se invitaron a participar a sujetos de entre 35 y 70 años que tenían la intención de vivir en su domicilio actual al menos en los siguientes 4 años.
La AF total se evaluó mediante el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ). Los participantes con enfermedad cardiovascular preexistente fueron excluidos de los análisis. La mortalidad y los eventos/enfermedades CV (ECV) se registraron durante una media de 6-9 años de seguimiento. Los resultados clínicos primarios durante el seguimiento fueron la mortalidad más ECV mayor (mortalidad por ECV, infarto de miocardio incidente, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca), juntos o por separado. Los efectos de la AF sobre la mortalidad y la ECV se ajustaron por factores sociodemográficos y otros factores de riesgo, teniendo en cuenta la agrupación de hogares, comunidades y países.

Entre el 1 de enero de 2003 y el 31 de diciembre de 2010, se inscribieron 168.916 participantes, de los cuales 141.945 completaron el IPAQ. Los análisis se limitaron a 130.843 participantes sin ECV preexistente. En comparación con la “baja AF” (<600 equivalentes metabólicos [MET] × minutos por semana o <150 minutos por semana de AF de intensidad moderada), “moderada AF” (600-3000 MET × minutos o 150-750 minutos por semana) y “alta AF” (> 3000 MET × minutos o > 750 minutos por semana), se encontró una reducción gradual de la mortalidad (cociente de riesgos instantáneos 0,80, IC 95% 0,74-0,87 y 0,65, 0,60-0,71; p <0,0001), y de ECV mayor (0,86, 0,78-0,93; p <0,001).

Más volumen de AF se asoció con un menor riesgo de ECV y de mortalidad en los países de altos, medianos y bajos ingresos. La fracción atribuible poblacional ajustada por no cumplir con las guías de AF fue de 8,0% para mortalidad y 4,6% para ECV mayor, y por no cumplir con “AF alta” fue 13,0% para mortalidad y 9,5% para ECV mayor. Tanto la AF recreativa como la no recreativa se asociaron con beneficios.

Los autores interpretan que un mayor volumen de AF recreativa y no recreativa se asoció con un menor riesgo de mortalidad y de ECV en individuos de países de ingresos bajos, medianos y altos. Concluyen que el aumento de la AF es una estrategia global sencilla, ampliamente aplicable y de bajo costo, que podría reducir las muertes y las enfermedades CV en la mediana edad en sujetos de todos los países.

 

(D#12)

1.6. No sólo de AF aeróbica vive el hombre

 

Las recomendaciones mínimas de AF para la salud citan “AF moderada”, como caminar rápido, circular en bicicleta, bailar, etc. Pero se acumulan cada vez más evidencias que es necesario añadir ejercicios de fuerza (“de resistencia”) al trabajo aeróbico (“cardio”). En esta revisión sistemática (RS) y metaanálisis (MA), con casi dos millones de sujetos, se encontró que, en población aparentemente sana e independientemente de la edad del sujeto, los niveles más altos de fuerza de agarre se asociaron con un riesgo reducido de mortalidad por todas las causas.

Referencia: García-Hermoso A, Cavero-Redondo I, Ramírez-Vélez R, Ruiz JR, Ortega FB, Lee DC, Martínez-Vizcaíno V. Muscular Strength as a Predictor of All-Cause Mortality in an Apparently Healthy Population: A Systematic Review and Meta-Analysis of Data From Approximately 2 Million Men and Women. Arch Phys Med Rehabil. 2018 Feb 7. pii: S0003-9993(18)30079-0. doi: 10.1016/j.apmr.2018.01.008.

Enlace: https://www.archives-pmr.org/article/S0003-9993(18)30079-0/fulltext.

Resumen comentado: Los objetivos de esta RS y MA (de autores españoles e hispanoamericanos) fueron determinar la relación entre la fuerza muscular y el riesgo de mortalidad por todas las causas, y examinar el impacto específico del sexo sobre ello, en una población aparentemente sana.

Treinta y ocho estudios con 1.907.580 participantes se incluyeron en el metanálisis. Los estudios incluidos tuvieron un total de 63.087 muertes. Los niveles más altos de fuerza de agarre se asociaron con un riesgo reducido de mortalidad por todas las causas (HR = 0,69, IC 95%, 0,64-0,74) en comparación con una menor fuerza muscular, con una asociación ligeramente más fuerte en las mujeres (HR = 0,60; IC del 95% , 0.51-0.69) que los hombres (HR = 0.69, IC 95%, 0.62-0.77) (todos p <.001). Además, los adultos con mayores niveles de fuerza muscular, evaluados por la prueba de fuerza de extensión de la rodilla, tenían un 14% menos de riesgo de muerte (HR = 0,86: IC 95%, 0,80 0,93; p <0,001) en comparación con los adultos con menor fuerza muscular.

Los autores concluyen que los niveles más altos de fuerza muscular en la parte superior e inferior del cuerpo se asocian con un menor riesgo de mortalidad en la población adulta, independientemente de la edad y el período de seguimiento. Las pruebas de fuerza muscular usadas en el estudio se pueden realizar fácilmente para identificar a las personas con menor fuerza muscular y, en consecuencia, con un mayor riesgo de mortalidad.

 

“El nivel de fuerza muscular de la parte superior e inferior del cuerpo es uno de los predictores de muerte más fiables”, resumen los autores.

 

(D#13)

¿Y QUÉ, AUNQUE CONOCIDO NO PODEMOS DEJAR DE RECORDAR HOY?

 

(D#14)

Con la figura de La Cenicienta al fondo, que representa a un ser humano con grandes potencialidades pero injustamente minusvalorado, intentaremos en esta segunda parte de la ponencia hacer ver que hay evidencias consolidadas de que aconsejamos y prescribimos poca actividad física, menos de lo que los organismos e instituciones independientes dicen deberíamos hacer, dado lo inocuo y a la vez lo efectivo que pueden ser dichas intervenciones en nuestros pacientes.

Hay sin duda razones para comprender (no para justificar) esa escasa implicación de los profesionales, algunas recogidas en la diapositiva, entre las que destaca la falta de formación. A casi ninguno de nosotros nos hablaron del gran valor de la AF, aún menos de cómo prescribirla… Ni en la facultad, ni en la residencia, ni en el postgrado. (Probablemente esta brevísima ponencia sea -o casi- el único momento en el que se hable de AF y salud en este congreso). Recordemos: el sedentarismo es la cuarta causa de mortalidad en el mundo (OMS).

Por otra parte, en el día a día, no nos visitan los comerciales de Adidas, de Decatlon o de marcas de pulseras de actividad… Sólo de fármacos, pues son las empresas farmacéuticas las que realizan mayor volumen de investigación médica. Tenemos, pues, un enorme sesgo en nuestra formación, que se traslada a nuestra sensibilización, y por ello a nuestra implicación.

Tampoco confiamos en nuestra capacidad de convicción (quizás porque los resultados no son inmediatos), ni en la capacidad de esfuerzo de nuestros pacientes (¡Qué equivocados estamos!). Por fin, somos humanos, la ley “del mínimo esfuerzo” también rige nuestras vidas.

En resumen:
• No recibimos formación en pregrado ni en la residencia.
• Mantenemos un enorme sesgo hacia las terapias farmacológicas.
• Poca confianza en nuestra efectividad.
• Poca confianza en la capacidad de esfuerzo del paciente
• Decirle exclusivamente “-Tiene que hacer más ejercicio” no funciona.
• También somos humanos, y por ello “cómodos”.

 

(D#15)

Pero Existe un kit de intervención sencillo y efectivo

• Los conocimientos fisiopatológicos y las habilidades de comunicación (que llevamos siempre encima).
• Leernos (y repasar) algún manual/guía sencillo sobre consejo y prescripción de AF para la salud.
• Usar, como en todo intento de cambio de conducta, los principios de la Entrevista Motivacional.
• Aportar convicción, congruencia: ¡Sé tú activo!
• ¿Tiempo? No más que para manejar la diabetes, la artrosis, el trastorno de ansiedad… ¡Y sus beneficios son múltiples, con un precio y un riesgo mucho menor!
• ¿Oportunidades? ¡Infinitas! No es habitual que vengan los pacientes a que les confeccionemos un plan de ejercicio semanal, pero a diario nos piden -directa o indirectamente- ayuda para perder peso, mejorar el control de sus enfermedades, aliviar el dolor de rodillas o simplemente, tomar menos pastillas…

Os aseguro por propia experiencia que detectar y abordar la inactividad es mucho más sencillo que hacerlo con la diabetes, por ejemplo. Y si le dedicamos a un sujeto inactivo el tiempo que a un diabético, obtendremos muchos más beneficios en aquéllos que los que obtendremos en éstos, en los que a lo sumo ayudamos a bajar unas décimas la hemoglobina glicosilada…

 

(D#16)

Y el momento para comenzar a actuar es ¡ahora!

Sabemos las innumerables ventajas que aportaría a nuestros pacientes realizar suficiente y variada AF. Como se ha dicho, son fáciles de adquirir las herramientas (conocimientos y habilidades) para aconsejar y prescribir AF, que funcionan en un porcentaje importante de pacientes, pues tenemos una gran influencia sobre ellos: nos respetan y nos hacen más caso de lo que creemos.

Por estas y otras razones, no podemos seguir más tiempo sin ofrecerles este fantástico recurso preventivo y terapéutico ¡Y el momento es ahora!

(D#17)

Tenemos derecho a optimizar nuestro tiempo

 

Somos mayores. Y responsables. Tenemos el derecho a elegir, a priorizar dónde usar nuestro escaso tiempo, nuestro esfuerzo. Porque si no le hacemos nosotros la eco, si no le extirpamos esa uña encarnada, o el fibroma del cuello, si nosotros no le infiltramos la tendinitis, otro compañero lo hará: un radiólogo, un cirujano, un rehabilitador… Tardarán algo más, pero lo harán. Y probablemente mejor que nosotros, pues tienen más experiencia. Y el paciente no correrá un riesgo extra por nuestra “no intervención”.

Pero, si ni el enfermero ni el médico muestran a sus pacientes el valor que la AF tiene para ellos, para evitar complicaciones futuras, para el control de sus síntomas y enfermedades actuales, para elevar su calidad de vida, para que recuperen la agilidad y la fuerza que tenían hace años, si no lo hacemos y persisten en su hábito sedentario, sí que corren un grave riesgo. Y, lo más importante: si no lo hacemos nosotros… ¿Quién lo hará?

 

(D#18)

Como sucedió con el príncipe al conocer a La Cenicienta, algunos ya nos hemos dado cuenta del gran valor que posee este formidable recurso preventivo y terapéutico, inocuo y gratuito, que fomenta el tan necesario autocuidado del paciente como ningún otro, y aún no suficientemente valorado por muchos profesionales…

¡Hagamos que ocupe el lugar que le corresponde! ¡Nuestros pacientes lo merecen!

 

Muchas gracias.

P. D. Si necesitáis ayuda (documentos que utilizamos en la Unidad, orientaciones de como iniciar proyectos o actividades similares a las que hacemos, etc.), os dejo mi e-mail (emilio.salguero@gmail.com) y mi cuenta de Twiter (@esalguerochaves).

 

 

Emilio Salguero Chaves, enfermero y médico de familia.

 

Coordinador del Grupo de trabajo “Actividad Física y Salud” (GAFS) de SemfycEx

Representante de Extremadura en el GAFS nacional de semFYC.

 

El autor declara no poseer ningún conflicto de intereses.Nos encantaría ayudarte.