La acción climática, clave para mejorar la salud individual y comunitaria
El impacto del cambio climático en la salud ha centrado una de las sesiones del IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC, bajo el título “Cambio climático y salud: la acción climática es buena para tu salud y la de tu comunidad”.
La mesa, impartida por Jesús Antonio de la Osa Tomás, co-coordinador del Itinerario Formativo en Salud Global del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS), ha puesto de manifiesto que la crisis climática constituye uno de los mayores desafíos de salud pública del siglo XXI, con efectos directos e indirectos sobre el bienestar de las personas y las comunidades.
Durante la sesión, se ha abordado cómo el cambio climático ha afectado a la salud tanto de forma directa —a través del aumento de la mortalidad y la morbilidad asociadas a fenómenos extremos como olas de calor, inundaciones o episodios meteorológicos severos— como de forma indirecta, mediante alteraciones en los ecosistemas y en los sistemas sociales. En este sentido, se ha destacado el papel de factores como la calidad del aire, la disponibilidad de agua, la seguridad alimentaria o la expansión de enfermedades transmitidas por vectores.
En palabras del propio De la Osa, “el cambio climático no crea nuevas enfermedades, pero sí exacerba, redistribuye y amplifica muchos problemas de salud”, lo que, ha advertido, “podría revertir avances importantes en salud pública logrados en los últimos 50 años”.
La sesión también ha puesto el foco en los determinantes sociales de la salud, destacando que las personas y comunidades en situación de vulnerabilidad han sido las más afectadas por la crisis climática. Factores como la pobreza, la inseguridad alimentaria, la pérdida de vivienda o el desplazamiento de poblaciones han contribuido a aumentar las desigualdades en salud, al tiempo que han incrementado la presión sobre los sistemas sanitarios.
En este contexto, se ha incidido en la necesidad de asumir la adaptación en salud como una prioridad, reforzando la capacidad de respuesta del sistema sanitario frente a los impactos del cambio climático y promoviendo estrategias que reduzcan la vulnerabilidad de la población, especialmente ante temperaturas extremas.
Asimismo, el especialista ha insistido en la importancia de mejorar la comunicación en torno a la crisis climática desde un enfoque de salud pública: “Es fundamental trasladar mensajes claros y coherentes, por ejemplo en la comunicación de riesgos como las olas de calor, para reducir la confusión y proteger mejor a la población”.
En esta línea, también ha defendido la necesidad de ir más allá de los consejos individuales: “No basta con dar recomendaciones, hay que generar contextos que faciliten opciones saludables”, en referencia a la creación de entornos que favorezcan estilos de vida sostenibles.
La sesión también se ha enfocado en los denominados cobeneficios en salud de la acción climática. “Muchas de las medidas frente al cambio climático tienen beneficios inmediatos en la salud de la población”, ha señalado, destacando su potencial como palanca de cambio.
La Medicina de Familia y Comunitaria se ha señalado como un agente clave en este proceso, tanto en la sensibilización como en la acción. b, ha afirmado De la Osa, extendiendo este papel también a profesionales de la educación y la comunicación.
Por último, se ha destacado la necesidad de impulsar planes de acción coordinados a nivel global, estatal y local que integren la salud en todas las políticas. “Son necesarios planes de acción fuertes que reduzcan riesgos y vulnerabilidades, y cuanto más cercanos al ámbito local, mejor”, ha concluido.