La contención verbal, primera opción frente a la agitación psicomotriz en Atención Primaria, tema destacado en ‘AMF’
La agitación psicomotriz es una de las situaciones de mayor tensión a las que pueden enfrentarse profesionales sanitarios en su práctica clínica. Un artículo en abierto publicado en el último número de la revista AMF subraya que la prioridad en su manejo debe ser siempre la contención verbal y las estrategias de desescalada, y reservar, así, la contención mecánica para situaciones excepcionales. Lo reseñamos a continuación.
"La agitación psicomotriz constituye la urgencia psiquiátrica más frecuente en Atención Primaria y exige una intervención rápida para controlar el riesgo de violencia o daño", recuerda la autora de este artículo, la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Jaione Gonzalez Aguilera, del centro de salud de Albelda de Iregua (La Rioja) y miembro de los grupos de trabajo de Urgencias y Atención Continuada de la y de Ecografía de la Sociedad Riojana de Medicina de Familia y Comunitaria (srmFYC).
Una urgencia común
Tal y como se explica en el texto, la agitación psicomotriz se define como una hiperactividad motora acompañada de una alteración emocional desproporcionada, que puede manifestarse con conductas agresivas o violentas, tanto hacia uno mismo como hacia otras personas.
Según recoge el artículo, su presencia es relevante en distintos contextos asistenciales: se estima una prevalencia del 10% en las urgencias generales y del 25% en las urgencias psiquiátricas. Además, aproximadamente uno de cada cuatro pacientes con esquizofrenia y un 15% de quienes padecen trastorno bipolar experimentan al menos un episodio de agitación al año.
Evaluar causas y diferenciar el delirium
Jaione González detalla que la etiología de la agitación psicomotriz puede agruparse en tres grandes bloques —orgánicos, psiquiátricos y tóxicos—, por lo que el abordaje requiere una evaluación clínica cuidadosa. Un aspecto clave es distinguirla del síndrome confusional agudo o delirium, caracterizado por disminución de la atención y del nivel de conciencia, con fluctuaciones y deterioro cognitivo de inicio agudo o subagudo.
“Identificar correctamente la causa es fundamental para orientar el tratamiento y prevenir complicaciones", sostiene González.
Mantener la calma y priorizar la desescalada
Una de las claves de este artículo es que contribuye a orientar un proceso de desescalada en una situación de estas características.
Bajo esta premisa, se indica que, a pesar de la ansiedad que puede generar una situación de agresividad, la primera intervención debe ser mantener la calma y evitar la confrontación.
El manejo de la situación se estructura en cuatro pilares: medidas generales de seguridad, contención verbal, tratamiento farmacológico y, solo en último término, contención mecánica.
Entre las estrategias recomendadas para la desescalada verbal destacan respetar el espacio personal, utilizar un lenguaje claro y sencillo, escuchar activamente, identificar emociones y establecer límites claros sobre la conducta violenta. El objetivo es crear una alianza terapéutica que permita reconducir la situación sin recurrir a medidas coercitivas.
Además, el texto recuerda algunos signos de alerta que pueden anticipar un aumento de la violencia, como el humor hostil, la expresión facial tensa, el contacto visual desafiante o el incremento del volumen de la voz.
Tratamiento farmacológico individualizado
Cuando las medidas verbales no son suficientes, puede recurrirse al tratamiento farmacológico. El sedante ideal debería tener acción rápida, eficacia por distintas vías de administración y pocos efectos secundarios.
Las benzodiazepinas y los antipsicóticos constituyen la base del tratamiento, siempre utilizando la menor dosis eficaz y evitando la prescripción crónica. El artículo advierte, no obstante, de algunas precauciones clínicas relevantes. Por ejemplo, los antipsicóticos aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular y mortalidad en pacientes con demencia, por lo que su uso debe ser especialmente prudente. En estos casos, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios autoriza el empleo de haloperidol o risperidona en determinadas circunstancias.
Asimismo, en pacientes con enfermedad de Parkinson o demencia con cuerpos de Lewy deben evitarse los antipsicóticos típicos, y en síndromes de abstinencia de alcohol o benzodiazepinas la opción preferente son precisamente las benzodiazepinas.
Contención mecánica: último recurso
Un punto destacado de este texto es que insiste en que la contención mecánica se tiene que reservar para situaciones de agitación grave o riesgo inminente de autoagresividad o heteroagresividad. Consiste en la restricción parcial o total del movimiento mediante dispositivos homologados, siempre con el objetivo de evitar lesiones al paciente, a su entorno o al personal sanitario.
El procedimiento debe realizarse con criterios estrictos: informar al paciente del motivo de la medida, registrar la hora de aplicación y revisar periódicamente la sujeción. De hecho, estudios citados en el artículo indican que el 64% de los pacientes psiquiátricos en urgencias prefieren recibir medicación antes que ser sometidos a contención mecánica.
Además, la normativa vigente —como la instrucción publicada en el Boletín Oficial del Estado sobre el uso de medios de contención— establece que esta práctica debe contar con consentimiento informado o indicación médica justificada.
Un abordaje integral desde Atención Primaria
El artículo, que consta de múltiples tablas informativas e imágenes, concluye que el manejo de la agitación psicomotriz requiere formación específica, coordinación del equipo sanitario y un enfoque centrado en la seguridad y la comunicación.
En este contexto, la Atención Primaria desempeña un papel fundamental, tanto en la detección precoz como en la intervención inicial ante una de las urgencias psiquiátricas más frecuentes en la práctica clínica diaria.
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