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La influencia de las emociones en nuestra salud: cómo mantener una mente funcional

La influencia de las emociones en nuestra salud: cómo mantener una mente funcional

Hoy, tratamos junto a Marisa Valiente, médica de familia y coordinadora del Grupo de Trabajo de Emociones y Salud de la semFYC, la influencia de las emociones en nuestra salud. La prevención es clave para mantener una estabilidad emocional y evitar así el deterioro cognitivo de nuestro cerebro.

Tiempo de lectura: 3 minutos
Fecha de publicación: 21 de abril de 2026

Poner sobre la mesa la importancia de las emociones en el desarrollo cognitivo es esencial para identificar los hábitos que influyen en su deterioro y encontrar las herramientas necesarias para regularlas. Tal como apunta Marisa Valiente en el último episodio de Píldoras de Ciencia en Abierto, es fundamental comprender este vínculo.

La salud emocional determina nuestro envejecimiento cognitivo, especialmente en casos tan comunes hoy en día como el estrés crónico. Los síntomas de ansiedad o depresión están asociados a un mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo, mediados por mecanismos neurobiológicos ampliamente estudiados.

Estudios recientes demuestran la importancia de una estabilidad emocional

Valiente analiza un estudio realizado en Finlandia con 70.000 adultos, seguidos durante 25 años. De este análisis se concluyó que un elevado estrés psicológico incrementaba hasta en un 12% las probabilidades de desarrollar demencia. Estos datos se mantenían incluso tras ajustar variables como los valores cardiovasculares o el nivel educativo de los participantes.

Además, se ha demostrado que, en adultos mayores con problemas emocionales, existe un mayor declive del rendimiento cognitivo global. La neurobiología confirma que el estrés crónico eleva el cortisol y otras hormonas relacionadas, lo que conduce al denominado estrés oxidativo, afectando a nivel celular. Este proceso mantiene al organismo en un estado de inflamaging, vinculado a un peor rendimiento cognitivo.

Deterioro de la salud del sueño

La médica de familia aborda también la influencia del descanso. Un estrés sostenido altera el sistema glinfático, afectando al sueño profundo. Dormir poco genera un entorno biológico que favorece la vulnerabilidad de estructuras fundamentales del cerebro, influyendo directamente en la memoria, la atención y la regulación emocional.

Estas consecuencias no suelen interpretarse de inmediato como un deterioro cognitivo, sino que se manifiestan como sensación de “cabeza espesa”, fatiga mental o dificultades de concentración. Situaciones que, con frecuencia, se relacionan con síntomas de depresión y ansiedad.

Posibles afectaciones en la memoria

Marisa Valiente recalca que muchos fallos de memoria en adultos estresados reflejan una sobrecarga y un malestar emocional. Asimismo, las personas que experimentan emociones crónicas de amenaza, miedo o desamparo tienden a interpretar pequeños olvidos como catástrofes, a sobrepensar y a dejar de disfrutar de sus hábitos cotidianos.

A largo plazo, esto se traduce en una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, especialmente si se suma a factores como la hipertensión, la diabetes o el sedentarismo.

¿Cómo prevenirlo?

Con el objetivo de prevenir este deterioro, Marisa Valiente destaca la importancia de modular, regular y gestionar el estrés, detectando las situaciones de amenaza y reinterpretándolas como oportunidades. También subraya la necesidad de potenciar los recursos emocionales que nos ayuden a afrontar estos cambios.

La práctica regular de actividad física, una buena higiene del sueño y una alimentación rica en antioxidantes, junto con la reducción del consumo de alcohol y tabaco, serán claves para lograr mejoras modestas pero significativas en el rendimiento cognitivo.

Escucha el nuevo capítulo de Píldoras de Ciencia en Abierto aquí: