“Más que una relación entre médico y paciente, para mi es una relación de amistad”: Manuela Adalid, sobre el valor emocional y humano de la Medicina de Familia
Dentro de la campaña “Razones Para Elegir” de la semFYC, continuamos recogiendo testimonios de pacientes que ponen en valor el papel de la Medicina de Familia desde una perspectiva humana y cercana. Entre ellos se encuentra el caso de Manuela Adalid, quien recuerda cómo su médica de familia se convirtió en un apoyo imprescindible durante uno de los periodos más difíciles de su vida.
Manuela relata una etapa marcada por múltiples problemas personales y familiares: separada, sola al cuidado de sus dos hijos menores, con su padre hospitalizado tras sufrir graves quemaduras y posteriormente un ictus, y con su madre enferma en casa. En medio de aquella situación, encontró en su médica de familia mucho más que atención sanitaria.
“Más que una relación entre médico y paciente era una relación de amistad”, afirma emocionada. Según recuerda, la implicación y la cercanía de su médica fueron fundamentales para sobrellevar aquellos años especialmente duros.
Además del componente humano, Manuela también pone en valor la profesionalidad y la visión integral que ofrece la Medicina de Familia. “Es una profesional como la copa de un pino”, señala, al tiempo que explica que cualquier problema de salud lo consulta primero con ella antes que con cualquier especialista.
Para Manuela, el médico de familia desempeña un papel esencial dentro del sistema sanitario por su capacidad para conocer la historia vital y médica de cada paciente, gracias a la continuidad asistencial.
En este sentido, subraya también la importancia de la Atención Primaria como puerta de entrada al sistema sanitario y como guía para orientar a los pacientes hacia los recursos que realmente necesitan.
En la parte final de su testimonio, Manuela lanza además una reflexión sobre la vocación necesaria para ejercer esta especialidad. “Para ser médico de familia tiene que ser vocacional. Esa es la diferencia para mí”, concluye.
El relato de Manuela Adalid vuelve a poner de manifiesto el valor emocional, asistencial y humano que representa la Medicina de Familia y Comunitaria para muchos pacientes, especialmente en los momentos más difíciles de sus vidas.