Primer editorial del año de la revista AMF: El lugar de la Mancha que no existe, pero debería…

La revista AMF comienza el año con un Editorial que no hace sino seguir la estela de uno delos artículos del último número del pasado año: Menos presencia, más seguridad. Aquél en el que se hablaba de un centro de salud en el que se había reorganizado el equipo en base a la pandemia. Ese en el que se pretendía estar construyendo el modelo de la Atención Primaria de Salud (APS) del futuro. Ese que no existe…

Por eso, en este texto se ha querido aclarar que aquello era lo más parecido a una broma aunque en realidad careciera de gracia por reflejar una realidad que no parece vaya a hacerse realidad. Muy al contrario, es una realidad que se ha hecho más difícil con la llegada de la COVID-19, que ha puesto patas arriba nuestro sistema sanitario y, especialmente, una APS muy debilitada tras décadas de abandono.

A esta terrible situación ha contribuido el constante menosprecio de nuestros políticos y gestores hacia la APS (pese a estar siempre en su boca como «eje del sistema»), su progresiva descapitalización, el absurdo y contraproducente cierre de centros de salud y consultorios al inicio de la epidemia, el retraso y las dudas sobre las medidas de protección para los profesionales…

A pesar de todo ello, estamos ante una ocasión irrepetible para dar un cambio de rumbo a nuestro quehacer cotidiano, y para ello debamos seguir reclamando los profesionales que nos faltan o las condiciones de entorno adecuadas. Debemos tomar la iniciativa y aprovechar para introducir cambios esenciales en nuestra organización, cambios que pueden revitalizarnos, hacernos ganar prestigio y facilitar nuestras demandas.

El eje fundamental de estos cambios tiene que ser la confianza de los ciudadanos, confianza que debemos ganarnos con nuestro quehacer cotidiano, no escatimando la presencialidad; manteniéndonos a su lado; intentando ayudarles —o al menor orientarles— a resolver sus problemas con respeto, proximidad, lealtad, prudencia, equidad y honradez. Ganaremos su confianza manteniendo la longitudinalidad (atención habitual por la misma médica de familia) y la accesibilidad.

Conseguir y mantener la confianza de la ciudadanía nos da un gran poder no solo social, sino, sobre todo, personal, humano, que nos fortalece.

 

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