Una práctica guía publicada por la semFYC, para atender de la mejor manera a los adolescentes en Atención Primaria

La semFYC publica una guía para atender mejor a los adolescentes en Atención Primaria

Qué hacer y no hacer en la atención a la adolescencia es una de las más recientes publicaciones de la semFYC. Se trata de una guía práctica en la que se apuntan 9 cosas que NO se deben hacer y otras tantas que sí, para que la atención a este colectivo, no siempre fácil de tratar, resulte efectivo y sencillo.

Los miembros del Grupo de Trabajo de Atención al Adolescente de la semFYC, quienes se han ocupado de esta guía, recomiendan:

  1. No centrar la atención exclusivamente en demandas biomédicas; sino incluir necesidades biopsicosociales, priorizando la promoción de estilos de vida saludable.
  2. No derivar siempre a salud mental las solicitudes de cambio de género, salvo que existan síntomas psicopatológicos complejos o intensos.
  3. No culpabilizar por el consumo de sustancias adictivas, sino realizar cribado oportunista con mensajes positivos, breves y continuados.
  4. No realizar citologías en mujeres menores de 25 años; ante la alta incidencia de alteraciones clínicamente no relevantes.
  5. No realizar un test de drogas sin informar al menor. No es ni práctico, ni ético ni legal.
  6. No ignorar los riesgos del uso de Internet y redes sociales, teniendo en cuenta que son nativos digitales.
  7. No prescribir benzodiacepinas ante problemas de ansiedad o insomnio: comporta más efectos secundarios indeseables que beneficios.
  8. No realizar pruebas de imagen para cualquier dolor de espalda, salvo que haya dolor constante, sensibilidad ósea, hallazgos neurológicos anormales o dolor nocturno.
  9. No solicitar un perfil lipídico sin valorar el riesgo cardiovascular. Es aconsejable hacer un cribado oportunista de las dislipemias a partir de los 18 años y con una periodicidad mínima de 4 años.

En cuanto a lo que sí se debe hacer, señalan estos nueve puntos:

  1. Desarrollar una entrevista centrada en el adolescente, que debe sentirse el protagonista del encuentro clínico.
  2. Fomentar la autonomía; el médico o médica de familia debe ayudarle a que se involucre en las decisiones relacionadas con el cuidado de la salud.
  3. Valorar y registrar presión arterial, talla y peso. Es un paso sencillo que facilitarán identificar a adolescentes con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
  4. Promover la actividad física. El consejo aporta un impacto positivo en la salud con beneficios probables y ausencia de efectos adversos.
  5. Normalizar la atención al adolescente transgénero, con respeto y atención personalizada.
  6. Explorar la ideación suicida en adolescentes y jóvenes de riesgo, preguntando directamente sobre el asunto. Tengamos en cuenta que el suicidio es la segunda causa por fallecimiento entre jóvenes de 15 a 29 años, solo superada por tumores malignos.
  7. Ofrecer el uso de implantes subcutáneos de progesterona a adolescentes con actividad sexual.
  8. Seleccionar a los adolescentes que se beneficiarían de un tratamiento antidepresivo, puesto que se trata de una opción terapéautica más que puede combinarse con terapia cognitivo conductual.
  9. Valorar la necesidad de tratamiento farmacológico para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, tras la instauración de las medidas familiares y escolares, evaluándose su pertinencia y dosis de firma periódica.