“Tres enormes osos polares frente a nosotros” – Diarios de a bordo (2, 3) #MFenelÁrtico

“Hoy iniciamos la jornada recorriendo la ciudad minera abandonada de Ny Ålesund. A casi 79° N, este es el asentamiento humano más cercano al Polo Norte, y actualmente está dedicado exclusivamente a la investigación científica polar. Precisamente allí, en un extremo de la localidad y testigo de la historia, se alza solitario el mástil de hierro desde el que Amundsen y su equipo abordaron el dirigible Norge, que en 1926 realizó el primer vuelo transpolar hasta Alaska.

De vuelta en el barco, siempre rumbo norte, un grupo de tres ballenas azules (el animal más grande del planeta, y todavía seriamente amenazado tras su caza masiva) cortaron nuestra proa y nos acompañaron durante la navegación. La jornada terminó recorriendo el frente del glaciar Kongsvegen, que con sus constantes crujidos llena el fiordo de icebergs. Son las 00:35, pero aún no se ha hecho de noche, y no lo hará, porque el sol que salió el 14 de abril todavía no se ha puesto, y no se pondrá hasta finales de agosto, día a partir del cual cada día acortará unos 45 minutos hasta alcanzar la noche polar a finales de octubre, que se prolongará durante los próximos meses. Así es el Ártico, extremo en todos los sentidos.”

22 de agosto de 2019 – día 2

 

“Hoy me desperté emocionado al oír nuevamente ese exótico pero ya conocido sonido que hacía varios meses que no oía, el crujido inconfundible del hielo resquebrajándose bajo la quilla, e inmediatamente salí a cubierta para disfrutarlo. ¡Volvíamos a la banquisa! Lejos de aquel Mar de Weddell antártico, esta vez en el otro confín del planeta, a casi 81 grados de latitud norte, una locura. El día era soleado y extremadamente frío, y el Ártico se reflejaba como un espejo infinito compuesto por una inmensa paleta de blancos. Diversas aves aprovechaban las nuevas roturas en el hielo para buscar su alimento, y la sobria belleza del mar helado lo envolvía todo. Presenciar ese espectáculo era un regalo para todos los sentidos, pero todavía faltaba algo… Nos dolían los ojos de buscar con los prismáticos durante todo el día, encontrábamos huellas impresas en el hielo a la deriva, restos de cadáveres de focas, aves que habitualmente los siguen en su vagabundeo por la banquisa… pero ni rastro del rey del Ártico.

Hasta que por fin, a última hora de la tarde apareció de repente, tras una montaña de hielo devorando una foca. Y junto a él salió otro, y ¡hasta un tercero! Tres osos polares de enorme tamaño estaban frente a nosotros, que los observábamos sin mediar palabra. A diferencia de muchos ejemplares que no son capaces de sobrevivir el verano debido a la escasez de alimento, estos se encontraban en aparente buen estado de salud, afortunadamente. Uno se acercó al barco, curioso, nos olfateó, dio un par de vueltas alrededor y se marchó por donde vino. Es evidente que no le tienen miedo a nada, el oso polar no conoce apenas depredador, más que otros osos y, por supuesto, el ser humano. Sin ser consciente de que en este momento, el cambio climático es su mayor amenaza, pues año tras año le roba miles de kilómetros cuadrados de su hábitat natural.

Pero ahora no pienso en eso y paso horas contemplando a los osos, y desde este recóndito rincón del planeta, pienso que si existe una emoción pura de felicidad, tiene que parecerse a esto.”

23 de agosto de 2019 –día 3

 

©Fotografías originales de Adrián Castellote

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Adrián Castellote (Zaragoza, 1984) no es un médico de familia cualquiera, es un aventurero, un explorador, y su currículum así lo demuestra. Tras acabar sus estudios de Medicina, antes de empezar la Residencia, se embarcó en un viaje de 3 años para dar la vuelta al mundo. Había ahorrado unos meses tras terminar la carrera y quería cumplir su sueño de llegar a los rincones más remotos de nuestro planeta antes de empezar sus primeros días como Residente. Su vuelta al mundo fue una verdadera aventura llena de esfuerzo, trabajo, conocimiento y episodios inesperados. Sus pasos lo llevaron a lo largo del ferrocarril transiberiano hasta Pekín, para seguir por Tíbet y el subcontinente indioSureste Asiático y Australia, navegando posteriormente el Océano Pacífico a través de las islas del estrecho de Bering hasta el continente americano. Un rumbo que, sin ninguna duda, cambió su visión de la realidad para siempre. Al regresar, ya en 2012, andando por el puerto de Bielsa desde donde había despegado en 2009, decidió, entre otras cosas, iniciar la Residencia en Medicina de Familia y explicó sus aventuras en diversos medios de comunicación. A pesar de un tiempo dedicado al estudio y más pausado, Castellote no podía frenar el ritmo aventurero y enérgico tan natural en él y, al cabo de poco, los viajes volvieron a formar parte de su rutina.

Años más tarde, ese profesional sanitario tan peculiar y con tantas experiencias vitales intensas, es la persona de enlace de la semFYC en la red EURIPA de WONCA Europa que representa a los médicos y a las médicas de familia del ámbito rural y remoto del continente europeo. Sin duda, la semFYC no podía contar con alguien más experimentado y con tanta pasión para ocupar un lugar de representación como este.

Tras haber vivido un año viajando por las costas de la Antártida (#MFenAntártida) para llegar hasta las Islas Canarias cruzando África y pasando por sitios tan emblemáticos para la humanidad como la isla de Tristán da Cunha (la isla con la población humana más aislada del mundo), nuestro JMF ha decidido irse al límite norte del planeta, a las islas Svalbard, un archipiélago bajo soberanía Noruega desde principios del siglo XX y el único sitio del mundo donde está prohibido morir. Como responsable médico de la embarcación M/V HONDIUSAdrián Castellote nos manda su diario de a bordo con la actualidad médico-ártica en directo.

 

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