Vivencias en Guinea Ecuatorial y Mozambique. La experiencia de la Cooperación

 

Entre julio de 1991 y mayo de 2013, con alguna “parada” intermedia para reciclarme y recargar pilas, mi labor profesional se ha desarrollado en dos países africanos: Guinea Ecuatorial y Mozambique.

Durante este tiempo han sido múltiples los campos de intervención en los que he trabajado: trabajo asistencial, promoción y prevención de la salud, formación de personal sanitario, gestión de recursos… También ha ido evolucionando el fundamento de los proyectos en los que he participado: de unos inicios mucho más “intervencionistas” por la escasez de personal de salud autóctono se pasó paulatinamente a proyectos de acompañamiento/apoyo a trabajadores de salud nativos y creación de grupos comunitarios de corresponsabilidad en la salud; proyectos con mucho más sentido y futuro  en cuanto intentan potenciar una estructura sanitaria propia que supere dependencias y dar respuestas a una realidad socioeconómica, cultural, administrativa, muy diferente a la europea siendo fundamental que el propio país desarrolle sus recursos y encuentre la manera de promocionar su salud “desde dentro”.

Todos estos proyectos se han fundamentado en la estrategia de Atención Primaria de Salud, aunque en países con una población fundamentalmente rural dispersa en pequeñas comunidades de difícil acceso y con sistemas sanitarios que pueden ofrecer recursos y prestaciones técnico-sanitarios limitados, esta estrategia tiene poco que ver con lo que lo que conocemos en España, aparte del nombre.

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Con estas circunstancias es un pilar básico el despertar la conciencia de “autorresponsabilidad” en la propia salud: la prevención, la adquisición de hábitos saludables y eliminación de comportamientos nocivos… El primer obstáculo al que nos enfrentamos es superar un concepto cultural/tradicional de la enfermedad más próximo al “mal de ojo” que a la actuación de microorganismos y/o tóxicos. Los extranjeros, afirman, no podemos entender “sus enfermedades”, por ello tampoco nos afectan; con este planteamiento nuestra posibilidad de “convencimiento” es limitada. Disponer de Agentes de Salud nativos que se encarguen de transmitir a sus paisanos los nuevos conceptos que han sido capaces de entender y asimilar, se convierte en un aspecto fundamental de nuestro trabajo; no se trata de rechazar una concepción cultural propia (sería absurdo) sino de enriquecerla y completarla y sólo cuando es uno de ellos quien se encarga de esta tarea puede tener impacto.

Son estos Agentes de Salud también la primera “avanzadilla asistencial” en su comunidad. Con unos conocimientos rudimentarios para la identificación de síntomas básicos y el manejo de unos pocos medicamentos sencillos, se encargan de dar una primera atención que, en numerosas ocasiones, salva la vida hasta conseguir una asistencia más completa por los Equipos de Salud que visitan las comunidades o consiguen desplazarse hasta el hospital, muchas veces por medios que a nosotros nos resultan increíbles. ¿Tendrían éxito entre nosotros las “bicicletas ambulancia”?

Esta actuación en la comunidad se convierte indirectamente y en muchas ocasiones en un vehículo de promoción social para mujeres y personas mayores que, a través de esta labor, ven reforzado su papel en una sociedad en la que, con frecuencia, se ven relegados.

Tantos años han dado para muchas más anécdotas y experiencias: situaciones sanitariamente complicadas que en nuestro medio serían fácilmente abordables, por contra, descubrir lo mucho que se puede hacer con escasos recursos técnicos combinando intuición y ciencia, el esfuerzo en integrarte poco a poco para entenderlos mejor y ser más aceptado, ir superando la “prepotencia”… pero he destacado estos aspectos porque lo que sí he aprendido es que sólo desde dentro de la propia sociedad pueden crearse dinámicas que realmente promocionan y mejoran la situación de las personas. Nuestra presencia puede ser orientadora, contrastante; hacer ver que otra forma de hacer las cosas es posible y puede mejorar la realidad pero tiene que ser uno mismo el que quiera hacer el cambio. Y esta premisa no es sólo válida para el que “recibe” la cooperación. Poco cooperante habrás sido si el conocer otra cultura no modifica también tus criterios y principios, no te hace más tolerante. ¡Cuántos “absolutos” de nuestra sociedad caen y se desmoronan! También en nuestra sociedad es posible hacer las cosas de otra manera.

Una experiencia única e imborrable. En realidad, ha sido más que una cuestión profesional; fue una opción elegida antes de iniciar la carrera de Medicina, incluso. Siempre supe que quería dedicar mi vida, o una parte de ella, al mundo de la misión/cooperación. No se trataba de ser “salvador” de nada (y cuanto más tiempo he pasado allí más claro lo he tenido) pero sí de estar en y con aquella parte del mundo que cree que las cosas pueden ser distintas a como están organizadas actualmente y esto es bueno para todos, hace del mundo un lugar más habitable y mejora la dignidad de la persona.

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Agustín Sánchez Barrancos
Médico de familia