Itziar Vergara Micheltorena: “Es importante que se pongan en valor estilos de liderazgo diferentes a los tradicionales”
Especialista en envejecimiento saludable y fragilidad, y actualmente directora científica de Biogipuzkoa, Itziar Vergara Micheltorena reivindica el papel esencial de la Medicina Familiar y Comunitaria ante el reto demográfico y la multimorbilidad. Su trayectoria —que une consulta, salud pública e investigación— refleja una forma de entender la ciencia profundamente conectada con las necesidades reales de la población.
Con motivo del 8M, en esta entrevista reflexiona sobre brechas de género, cultura organizativa, conciliación y carrera académica, y plantea cambios estructurales para que las médicas de familia puedan investigar, liderar y decidir en igualdad de condiciones.
Como médica de familia, ¿qué significa para ti el 8M dentro de una especialidad donde las mujeres sois mayoría, pero no siempre ocupáis espacios de liderazgo?
En el campo de la Medicina de Familia la ocupación de puestos de liderazgo por parte de las mujeres se está produciendo de manera natural y progresiva, considerando la proporción que suponemos en el ámbito asistencial. Sin embargo, todavía no es proporcional y se observa una brecha de género en la ocupación de puestos de liderazgo en el ámbito asistencial en general y en la Medicina de Familia en particular. El 8M es una oportunidad para visibilizar esta cuestión y para suscitar el debate en los determinantes complejos que la explican.
Tu trabajo se centra en el envejecimiento saludable y la fragilidad, ¿qué mirada aporta la Medicina Familiar y Comunitaria —y especialmente las mujeres médicas— a este reto social?
El cambio demográfico que observamos en este país y en la mayor parte de occidente, constituye un reto para los sistemas de salud. El envejecimiento lleva aparejada una mayor incidencia de enfermedades crónicas que además tienden a presentarse de manera acumulada formando patrones de multimorbilidad. Las necesidades de salud de esta parte de la ciudadanía son muchas y variadas y es necesario modificar el modo en el que damos respuesta a esas necesidades, incorporando a nuestro trabajo ideas innovadoras y transformadoras. Las profesionales asistenciales y las investigadoras tenemos la responsabilidad de tener una mirada abierta para identificar las necesidades reales de la población mayor, evitando actitudes discriminativas como el edadismo o los sesgos de género a la hora de analizar esas necesidades y darles respuesta. La alta capacitación de nuestras profesionales constituye una magnífica base para ello. Mejorando los contextos en los que desarrollamos nuestro trabajo y sobre todo poniendo en valor la innovación en la prestación de servicios y la investigación en temas clave, lograremos transformar, a mejor, la atención que prestamos a las personas mayores.
¿Cómo ha marcado tu trayectoria como médica de familia tu formación en Salud Pública y tu paso por la investigación?
En mi caso ha sido al revés. Empecé como médica de familia y mi formación en salud pública y mi gran interés por la salud comunitaria poblacional me acercó al campo de la investigación. Creo que soy muy afortunada de haber podido aplicar las capacidades, los conocimientos técnicos y también la aproximación humanística integral con las que trabajamos en atención primaria al ámbito de la investigación.
Hoy diriges la investigación en Biogipuzkoa, ¿qué obstáculos has tenido que superar como mujer para llegar a un puesto de liderazgo científico?
No soy consciente de haber tenido que superar obstáculos por ser mujer. No he percibido esa discriminación y siempre he sentido que las personas que me han acompañado en el camino y me han mentorizado, estaban libres de ese sesgo. En mi opinión, las principales dificultades proceden de la presión que recibimos y que nos autoimponemos, de tratar de abordar muchas responsabilidades en solitario. Es fundamental que nos apoyemos, que generemos redes de trabajo y que compartamos las responsabilidades familiares. Ahora, ya en el ejercicio de este puesto de responsabilidad, la principal dificultad que percibo relacionada con el hecho de ser mujer es la necesidad de que se valoren y respeten los modelos de liderazgo diferente que muchas mujeres deseamos ejercer y que, en ocasiones, se puede ser interpretado como un rasgo de debilidad.
Desde tu experiencia, ¿qué barreras siguen encontrando las médicas de familia que quieren investigar y hacer carrera académica?
Actualmente compaginar la actividad asistencial con la investigadora es un reto, para hombres y para mujeres. Trabajamos con las organizaciones asistenciales para que se genere una cultura que dé valor a la actividad investigadora, también en Atención Primaria. Es necesario que las profesionales con interés dispongan de espacios y tiempos en su actividad diaria para investigar. Y también que esa actividad y los resultados derivados de la misma sean reconocidos y les permitan avanzar en su carrera profesional y finalmente que sean puestos en valor y visibilizados por sus organizaciones.
¿Has sentido en algún momento que debías demostrar más por ser mujer en el ámbito científico o de gestión?
La verdad es que nunca he tenido esa percepción. Tal vez haya tenido que mostrar de manera diferente, pero no más.
En una fecha como el 8M, ¿qué referentes femeninos han sido importantes en tu camino profesional dentro de la Medicina de Familia?
Despertó en mí el interés por la investigación en Atención Primaria, Pepa Gil de Gómez. Disfrutaba con su inteligencia y su manera de trabajar. Después, durante mi etapa formativa en la Universidad de Berkeley, fueron fundamentales para mi Meredith Minkler, profesora de Salud Comunitaria; y, sobre todo Joan Bloom, profesora de Política Sanitaria. Ya durante mi etapa laboral, Isabel del Cura ha sido un ejemplo y una amiga.
¿Qué cambios estructurales necesitamos para que las médicas de familia puedan investigar, liderar y decidir en igualdad de condiciones?
Los apuntaba antes. Necesitamos que mejore la cultura de las organizaciones de manera que otorguen a la investigación el valor que requiere para que pueda, realmente, generar impacto. Esto hará que se garanticen el tiempo y el espacio necesarios para poder investigar y también que se activen modelos mixtos de contratación ya contemplados en la legislación vigente. También es imprescindible que mejore el reconocimiento a la actividad investigadora y se valore adecuadamente en los procesos de carrera y promoción profesional. Socialmente, y no solo para desarrollar actividades investigadoras, es necesario que se valore y proteja la dedicación de las mujeres en la gestación y en las etapas tempranas de la crianza y que, a partir de ese momento, la responsabilidad en la crianza de los hijos e hijas, así como la de la compañía y el cuidado de otros familiares sea compartido en el ámbito familiar. Finalmente, creo que es importante que se pongan en valor estilos de liderazgo diferentes a los tradicionales ya que esto facilitará que muchas mujeres y también muchos hombres que no comparten esos modos de hacer den el paso de asumir puestos de responsabilidad.