Pilar Gayoso: “Con una visión más holística, las mujeres aportamos flexibilidad en el liderazgo, con reconocimiento de las necesidades personales, escucha activa y cohesión de los equipos”
La médica de familia y comunitaria y ex subdirectora general de Evaluación y Fomento de la Investigación del Instituto de Salud Carlos III, Pilar Gayoso apuesta por un liderazgo más inclusivo, que facilita el desarrollo profesional de cada persona y respuesta ágil a los cambios que requiere un entorno tan dinámico como es la I+D+I.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a Pilar Gayoso, quien considera que el rigor y la integridad científica son características transversales en la investigación, pero que todavía existen diferencias en el estilo directivo que, en muchos casos, se asocian al género. En este sentido, recuerda que, a pesar del incremento significativo de investigadoras en biomedicina y salud en los últimos años, aún existe la brecha de género, que resulta más relevante en un ámbito tan feminizado como el sanitario.
¿Qué la motivó a dedicarse a la Medicina Familiar y a la investigación?
La medicina de familia aúna a las competencias clínicas la proximidad a las personas en su entorno vital real, con su situación familiar, laboral, etc. Y el conocimiento de los recursos de salud disponibles. Su práctica clínica me permitió entender la importancia de la comunicación para incorporar en la toma de decisiones el conocimiento de los condicionantes sociales y de otro tipo de cada persona. Atender a la persona enferma requiere, además de los aspectos clínicos, conocer expectativas, valores, cómo vive, cuál es su red social, en definitiva, conocer los determinantes sociales de la salud. La medicina de familia a través de la longitudinalidad del seguimiento de las personas facilita esta aproximación y en consecuencia puede mejorar el impacto en salud de la actividad clínica.
En mi decisión de estudiar medicina tuvo influencia también que he tenido modelos muy próximos de personas que ejercían la medicina clínica con compromiso, y rigor, escuchando y respetando al paciente.
Por otra parte, siempre he tenido curiosidad por entender lo que observamos, lo que ocurre con sus variaciones. De forma natural esa observación plantea preguntas: ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuáles son las consecuencias? El método científico es la mejor alternativa para buscar respuestas por lo que mi dedicación a la investigación en salud es consecuencia de ese interés. Abordarlo desde la medicina de familia me ha ayudado a profundizar en el conocimiento desde una perspectiva que se ocupa de entender tanto los mecanismos de enfermedad como los condicionantes de salud.
¿Qué aprendizajes valiosos le ha aportado su experiencia como mujer, médica e investigadora?
Un aprendizaje importante ha sido el valor de la cooperación. El avance del conocimiento es una construcción colectiva, requiere amplias contribuciones como dejó claro lo sucedido durante la pandemia por SAR COV 2 basada en la cooperación honesta y en la integración de aportaciones desde diferentes perspectivas que mejoran la aproximación a la realidad.
En este sentido, considero muy importante reconocer la diversidad de capacidades y consolidar entornos de I+D+I que faciliten la interrelación entre disciplinas (básicas, clínicas, tecnológicas…) dando valor a cada una e identificando sus complementariedades.
Actualmente, la medicina personalizada de precisión es un objetivo compartido en los sistemas de salud, con objeto de incrementar la capacidad predictiva de respuesta al tratamiento, que se individualiza para maximizar efectividad y evitar efectos adversos, o de definir perfiles de riesgo que afinen el diseño de estrategias de promoción de salud y prevención de enfermedad, entre otros. En este escenario, la medicina de familia aporta una perspectiva, en mi opinión, imprescindible para su implementación efectiva, complementando la longitudinalidad de seguimiento, análisis de factores sociales, ambientales y de estructura familiar.
Considero desde la experiencia personal que es muy importante impulsar programas estables de apoyo a los investigadores emergentes, con mentorías factibles y evaluables, una planificación predecible en actividades y logros. Facilitar la incorporación de jóvenes es crucial para la calidad y sostenibilidad del sistema de ciencia y para asegurar el necesario recambio generacional.
He tenido oportunidad de conocer a muchos profesionales con un compromiso y rigor intelectual extraordinarios. Colaborar con estas personas es para mí uno de los grandes motivadores para mantener el espíritu crítico sobre el propio desempeño y su mejora. Me gustaría en este punto resaltar la importancia de las personas que me apoyaron en los primeros pasos de mi formación en investigación, de forma generosa y empática, compartiendo sus conocimientos y transmitiendo la importancia del rigor y la honestidad intelectual. Mujeres y hombres que me inspiraron a continuar, siendo guías y mentorizando mi actividad, son en parte responsables de mi trayectoria.
La Medicina de Familia es una de las especialidades más feminizadas ¿Qué oportunidades considera que ven las mujeres para liderar y transformar la investigación en este ámbito?
El rigor y la integridad científica son características transversales en investigación, sin embargo, creo que existen diferencias en el estilo directivo que en muchos casos se asocian al género. Con una visión más holística, las mujeres aportamos flexibilidad en el liderazgo, con reconocimiento de las necesidades personales, escucha activa y cohesión de los equipos. Un liderazgo más inclusivo, que facilita el desarrollo profesional de cada persona y respuesta ágil a los cambios que requiere un entorno tan dinámico como es la I+D+I.
Además, en medicina de familia, el reconocimiento e integración de los aspectos sociales, económicos y de relación en la investigación en salud requiere una especial atención y trabajo en el que las mujeres investigadoras destacan significativamente.
Me preocupa que continúa existiendo una brecha de género en el liderazgo científico, que resulta más relevante en un ámbito tan feminizado como el sanitario. Aunque durante los últimos años se ha incrementado significativamente el número de investigadoras en biomedicina y salud persiste la denominada tijera de género. Es decir, en etapas iniciales la proporción de investigadoras es mayoritaria, sin embargo, al avanzar a perfiles de liderazgo directivo este porcentaje cae hasta niveles muy inferiores a lo esperado.
Conozco muchas jóvenes investigadoras con compromiso e implicación, pero la trayectoria investigadora de una mujer con frecuencia no es lineal, tiene etapas de dedicación a la crianza o los cuidados que asumen, habitualmente, las mujeres. Por eso, es importante consolidar medidas correctivas en la evaluación del desempeño que tengan en cuenta estos periodos. Debemos trabajar para corregir esta desigualdad que limita la aportación a la ciencia de mujeres con alta cualificación y compromiso, promoviendo una sociedad más justa e igualitaria en oportunidades.
Usted defiende que la investigación debe generar un impacto real en la sociedad. ¿Cómo cree que se puede traducir esto en mejoras concretas para la población?
Trabajando para una transferencia efectiva y ágil de los resultados de investigación. Aunque es mucho más amplio, me centro en dos aspectos. En primer lugar, la sensibilización de los investigadores, lideres científicos y directivos de instituciones de I+D+I para integrar en sus planes estratégicos y líneas de trabajo objetivos de transferencia y medidas del impacto, tanto en términos de retorno económico como de resultados en salud.
En segundo lugar, continuar avanzando en la revisión de la evaluación de la ciencia para orientarla a la medición y visibilización de su impacto. Cuantificar este impacto es complejo, requiriendo diferentes aproximaciones según el nivel de análisis. Así evaluarlo en términos de cambios en los procesos de atención sanitaria prestada, mayor seguridad en los tratamientos, accesibilidad u optimización en la utilización de recursos es un análisis factible a corto plazo. Mientras que el efecto en modificación de resultados de salud requiere más tiempo de seguimiento.
Este objetivo está ocupando la reflexión del sistema científico internacional con iniciativas como CoARA o Science Europe, entre otras.
Finalmente, necesitamos profundizar en el estudio de la implementación del conocimiento generado, para conocer los condicionantes y limitaciones que lastran la incorporación precoz a la práctica clínica. La ciencia de la implementación es importante en planificación de innovación, y en esta área la medicina de familia cuenta en España con un cuerpo de conocimiento relevante que es una oportunidad para los planificadores y gestores sanitarios.
Existe un acuerdo generalizado a nivel global en el compromiso de analizar los efectos que genera la transferencia del conocimiento generado al mundo real. Todas las personas e instituciones dedicadas a la ciencia compartimos este compromiso que responde a la responsabilidad social y la necesaria transparencia. Es además cada vez más importante como base de la confianza ciudadana en la ciencia frente a la creciente diseminación de información sesgada, manipulada o directamente falsa.
En salud, este compromiso es crucial al condicionar decisiones, personales y sociales, que afectan a la vida y su calidad. A todos se nos ocurren múltiples ejemplos como el cuestionamiento de las vacunas, con impacto poblacional en algunos casos por pérdida de la inmunidad de rebaño (sarampión…) o el empleo de tratamientos de eficacia y seguridad no verificadas en enfermedades graves.
Desde su experiencia, ¿qué avances recientes en investigación cree que pueden beneficiar de manera concreta la salud de las mujeres?
Las diferencias relativas a sexo y género se están incorporando de forma sistemática en las prioridades de investigación de las agencias financiadoras públicas, tanto nacionales como europea, y en las políticas científicas como refleja por ejemplo el Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación vigente (PEICTI 2024-2027).
Como consecuencia se identifica la variabilidad por sexo en la expresión clínica de enfermedades por ejemplo cardiovasculares, con un diagnóstico más precoz respecto a etapas previas, en la respuesta a tratamientos, o en la incidencia de patologías como el cáncer.
Es necesario continuar avanzando para asegurar su participación en los ensayos clínicos de nuevas estrategias de tratamiento o diagnóstico asegurando la correcta interpretación de sus resultados.
Desde una perspectiva de género, ¿qué retos emergentes en salud cree que deberían convertirse en líneas prioritarias de investigación en los próximos años?
El enfoque "Una sola salud" es una iniciativa integral que busca optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Este concepto reconoce que la salud de las personas está interconectada con la salud de los animales y del medio ambiente, lo que resalta la importancia de abordar las enfermedades infecciosas que se transmiten de manera zoonótica. Implica retos en áreas como resistencias antibióticas, capacidad de gestión de emergencias, seguridad alimentaria o cambio climático entre otros.
Las mujeres representan aproximadamente la mitad de la población y son esenciales para la salud y el bienestar de las comunidades. Su implicación a todos los niveles en esta estrategia creo que es crucial para que se desarrolle adecuadamente.
Usted suele hablar de la investigación como un “ejercicio de libertad intelectual”. ¿Qué significa para una mujer ejercer esa libertad dentro de estructuras históricamente masculinizadas?
La reflexión sobre nosotros mismos y la realidad observada, su cuestionamiento y la búsqueda sistemática de respuestas son actividades que el ser humano desarrolla desde que tenemos referencias. La actividad intelectual es por tanto una capacidad que nos conforma como especie, con independencia del sexo o el género.
Sin embargo, en consonancia con las estructuras sociales, hasta mediados del pasado siglo la participación de mujeres en investigación era excepcional.
Esta realidad ha cambiado en los últimos cincuenta años de forma evidente, y creo que en esto como en muchas otras áreas es de aplicación el dicho atribuido a Diógenes de Sínope “el movimiento se demuestra andando”. Considero que visibilizar la trayectoria de investigadoras que lideran áreas o instituciones de I+D+I, es la respuesta más elocuente ante las resistencias que existen.
Esto, junto al apoyo en capacitación en habilidades directivas y el acompañamiento, favorece la incorporación efectiva de nuevos perfiles transformadores y modifica la visión en estructuras y organizaciones con trayectorias históricas de predominio masculino.
¿Qué papel cree que juega la mentoría, los referentes y las redes profesionales de mujeres en la consolidación de trayectorias científicas solidas?
Los modelos son siempre importantes, pero en estas primeras etapas pueden ser decisivos para la continuidad del desempeño investigador, en especial cuando se plantea compatibilizarlo con la clínica en entornos poco favorables a esta doble dedicación.
Mis primeros pasos en la investigación fueron durante los estudios de grado con la participación en una línea, dirigida desde la USC, sobre epidemiologia del bocio en población gallega y posteriormente pude continuarla durante la etapa MIR en el CHU de Coruña. Contar con mujeres como referentes en esos momentos fue determinante para mí. Estos fueron los inicios de lo que posteriormente ha sido mi dedicación principal.
Experiencias como el programa REBECA son ejemplos de éxito. Esta iniciativa europea que en España coordina FECYT conecta a investigadores que se encuentran en los inicios de su carrera con profesionales altamente cualificados de los ecosistemas de investigación e innovación que ocupan puestos distintos a los de la investigación académica. A lo largo de seis meses, el investigador podrá explorar diversas opciones profesionales más allá de las carreras académicas tradicionales gracias a un programa de tutoría personalizado con expertos.
Con motivo del 8 de marzo, ¿qué mensaje le gustaría enviar a las médicas jóvenes que comienzan su carrera en Atención Primaria y también quieren dedicarse a la investigación biomédica?
Que cuiden la confianza en sí mismas, su impulso por aprender, por conocer mejor lo que ocurre a las personas que atienden en la consulta. El desarrollo de una carrera investigadora es una aventura de largo recorrido, que se recorre por etapas, en las que los errores son oportunidades para corregir el rumbo y seguir adelante. Todas las que iniciamos esta aventura nos equivocamos muchas veces.
Que identifiquen bien a los compañeros de viaje, creo que esta carrera es más fácil si se tiene un acompañamiento robusto. Como decía antes, la investigación necesita del trabajo en equipo, trabajo en colaboración, personas con más experiencia y grupos de investigación ya existentes a los que unirse en esa primera etapa de formación. No están solas, si lo buscan muchas personas están estamos dispuestas a ayudarles y acompañarlas.
Que recuerden que seguir los sueños vale la pena.