La inteligencia artificial abordada como aliada para reforzar la empatía en la comunicación clínica
El 35º Congreso de Comunicación y Salud de la semFYC ha acogido este 8 de mayo en Valladolid la Mesa 3: “Empat-IA: ¿Puede la inteligencia artificial ayudarnos a ser más humanos?”, en la que se ha reflexionado sobre el papel de la tecnología en la mejora de la comunicación clínica.
La sesión ha contado con la participación de Juan Antonio López Rodríguez, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y vocal de Formación e Internacional de la Junta Permanente de la semFYC, y Rosana del Amo López, médica de familia en el PAC Arturo Eyries de Valladolid Oeste y responsable del Grupo de Comunicación y Salud de Valladolid de socalemFYC.
Durante la mesa se ha planteado un debate en torno a si la inteligencia artificial supone una amenaza para la calidez en la relación clínica o, por el contrario, una herramienta útil para mejorarla. En este contexto, se ha explorado el potencial de los modelos de lenguaje como aliados en el entrenamiento de habilidades comunicativas, sin sustituir en ningún caso el juicio clínico.
Rosana del Amo ha expuesto el origen de este proyecto: la curiosidad surge tras una consulta médica realizada a una IA en la que esta ofreció un diagnóstico introducido por una frase especialmente empática, algo que llamó su atención y motivó el inicio del estudio. A partir de ahí, señala que comenzó a profundizar en el concepto de inteligencia, entendido como la capacidad de entender, comprender o resolver problemas, y en sus distintas dimensiones.
La ponente contextualiza además el origen conceptual de la inteligencia artificial en el Test de Turing, formulado como la pregunta de si una máquina puede llegar a hacernos creer que es humana. Hace una clara distinción además entre inteligencia artificial específica, centrada en una única tarea —como el conocido proyecto AlphaGo— e inteligencia artificial general, orientada a desempeñar múltiples funciones de manera similar a un ser humano.
Asimismo, del Amo ha vinculado estos conceptos con el problema inverso en medicina, al que ha definido como una forma de aproximación en la que la IA puede contribuir a resolver procesos diagnósticos complejos a partir de datos disponibles.
Los ponentes han destacado el uso de estas herramientas como entornos seguros de aprendizaje, comparables a un “simulador” para la práctica clínica, donde ensayar situaciones complejas y recibir retroalimentación inmediata antes del encuentro con el paciente.
La IA puede alcanzar niveles muy elevados de sensibilidad en la detección de determinados errores clínicos, superando en algunos casos a prácticas médicas convencionales, como pueden ser en los casos expuestos en la mesa referidos a áreas como la radiología o la dermatología, donde se ha señalado su capacidad para detectar incluso el 100% de algunos hallazgos como melanomas en entornos controlados.
Asimismo, se han abordado tanto las oportunidades como los riesgos asociados a su utilización, como el posible sesgo en las respuestas o la generación de una “empatía mecánica”. En este sentido, se ha subrayado la necesidad de mantener siempre el papel del profesional sanitario como responsable último y editor ético del mensaje.
A partir de ello, se ha abierto el debate sobre cómo integrar esta precisión técnica con la dimensión humana de la medicina, haciendo participar a los asistentes a quienes se les ha planteado la siguiente pregunta “¿Qué crees que puede aportar tu como ser humano frente a la IA en nuestra profesión?” Algunas de las respuestas han sido: afecto, cercanía, contacto físico o gestión de la incertidumbre.
A partir de estas repuestas, Rosana del Amo ha expuesto un estudio comparativo en el que tanto médicos como inteligencia artificial resolvían un caso clínico oncológico, evaluándose no solo la adecuación diagnóstica, sino también la gestión emocional del paciente. Las respuestas fueron clasificadas por niveles de empatía, observándose coincidencias entre las valoraciones de la IA y las de expertos humanos en los niveles más altos.
A raíz de este estudio, Juan Antonio y Rosana se plantean; ¿Nos puede ayudar la IA a mejorar algunas situaciones en consulta? De este análisis surge la idea de una “calculadora conversacional” médica, capaz de simular distintos enfoques clínicos y comunicativos.
En este contexto, Juan Antonio López Rodríguez ha presentado el proyecto desarrollado por los ponentes el cual evoluciona hacia la creación de agentes de IA entrenados específicamente con datos clínicos y comunicativos, estructurados en distintos niveles de uso —desde el uso directo hasta el refinamiento y el entrenamiento avanzado—. Para ello, se han diseñado sistemas de simulación clínica con pacientes virtuales y evaluaciones basadas en criterios médicos estructurados, incorporando feedback constante.
En una demostración práctica in situ durante la mesa, la IA ha sido capaz de analizar la interacción de un profesional con un paciente simulado y sugerir mejoras tanto técnicas como comunicativas, incluyendo la gestión emocional y la exploración de preocupaciones.
Los participantes han coincidido en que la integración de la inteligencia artificial en la formación y práctica clínica debe orientarse a reforzar la capacidad humana de conectar con las personas, utilizando la tecnología como apoyo para mejorar la sensibilidad, la seguridad y la calidad de la comunicación. En este sentido, los asistentes han destacado también que resulta necesario y hasta satisfactorio que la “máquina” falle en determinados contextos, como forma de evidenciar que no es más potente que el profesional médico.
La mesa ha concluido recordando las principales limitaciones de la inteligencia artificial en clínica: no “entiende” sino que reconoce patrones, carece de validación experimental sólida y depende del prompt, además de generar una posible ilusión de objetividad. Se ha insistido en que no sustituye a los pacientes estandarizados y en que “sin evaluación no hay entrenamiento real de la IA”, subrayando la necesidad de supervisión constante.
Como reflexión final, se ha planteado si la IA puede ayudarnos a ser más humanos. Rosana del Amo ha señalado que “no debe cegarnos ni reemplazarnos”, sino ser una herramienta de apoyo puntual para reflexionar y entrenar la práctica clínica, advirtiendo del riesgo de una “empatía sintética” sin feedback humano. Ha recordado que la IA no percibe silencios, miradas o paralenguaje, y que “no hay nada que sustituya la calidez humana”. Juan Antonio López Rodríguez ha cerrado destacando el objetivo de implicar a los profesionales sanitarios en el desarrollo crítico de estas herramientas.