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La otra historia clínica: cuando el contexto social también enferma

La otra historia clínica: cuando el contexto social también enferma

Son testimonios, muy a menudo, del recorrido vital de las múltiples personas que atienden. Los médicos y las médicas de familia se cruzan con situaciones de desigualdades de género, dificultades económicas, viviendas poco adecuadas o condiciones laborales precarias que pueden marcar, y mucho, la salud de los y las pacientes. Para el especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y coordinador del curso ELEMENTALES de la semFYC “Manejo de los determinantes sociales en Atención Primaria”, Pablo Pérez Solís, integrar estos factores en el día a día en consulta no es un añadido, sino parte esencial del acto médico.  

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 19 de febrero de 2026

“Conocer el contexto en el que cada uno de nuestros pacientes enferma o cómo condiciona este la evolución de sus problemas de salud es tan importante como una buena exploración física o el manejo de pruebas complementarias”, afirma Pablo Pérez Solís, que añade que “los resultados de las intervenciones sanitarias dependen, en gran medida, de ese entorno social, incluso cuando no es posible modificarlo directamente".  

Las desigualdades sociales en salud no siempre se manifiestan de forma evidente. Algunas están tan normalizadas que pasan desapercibidas. “En un día puedo atender varios problemas de salud relacionados con el contexto laboral, tanto lesiones osteomusculares como problemas de salud mental”, explica el médico de familia, que subraya cómo el trabajo, el género o la precariedad económica atraviesan buena parte de la demanda asistencial en Atención Primaria. 

Las dificultades para llegar a fin de mes, los problemas de vivienda —no solo la falta de ella, sino sus condiciones— o los malestares relacionados con los roles de género aparecen con frecuencia en consulta; “el género marca muchos de los malestares o problemas de salud, y a menudo nos cuesta más reconocerlo o abordarlo”, reconoce Pérez Solís. 

Muy influyentes en la cronicidad y la salud mental  

En relación con las enfermedades crónicas prevalentes, estos factores condicionan muchos aspectos como la adherencia a las recomendaciones o a los propios tratamientos farmacológicos. “Cuando aparecen situaciones de dependencia, el acceso a cuidados adecuados (formales o informales), va a modificar el riesgo de complicaciones. El propio acceso al sistema sanitario (y por tanto el tratamiento de procesos agudos o crónicos) se ve interferido como aspectos como la condición de migrante, el trabajo, o las barreras físicas no resueltas", apunta el especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.  

Asimismo, Pérez Solís habla de cómo los determinantes sociales influyen en la salud mental y cómo estos invitan a repensar la intervención clínica. El concepto de “no tratamiento” puede resultar, a primera vista, controvertido. Sin embargo, el médico de familia explica que esto no es otra cosa que “evitar la psicopatologización de los malestares de la vida”. 

Esto no implica desatender el sufrimiento, sino evitar la medicalización innecesaria, tomando decisiones consensuadas con las personas atendidas cuando el beneficio de fármacos o terapias no está claro. 

Abordar las inequidades en salud desde la comunitaria  

Por su implantación territorial, la Atención Primaria ocupa una posición privilegiada para detectar y abordar inequidades en salud. “Es el nivel asistencial más enraizado en un territorio concreto”, sostiene el médico de familia. Desde ahí, es posible identificar desigualdades corregibles y diseñar estrategias adaptadas a la realidad local, con la participación de la comunidad. 

Eso sí, toda intervención debe evaluarse. “Puede tener beneficios, riesgos o ser ineficaz”, advierte, insistiendo en la necesidad de analizar resultados para mejorar o replantear las acciones comunitarias. 

Formación semFYC para una consulta completa  

El curso EMENTALES ofrece una actualización rigurosa y basada en la evidencia científica, con herramientas prácticas para evaluar necesidades sociales, comprender el peso real de las condiciones de vida frente a los estilos de vida y replantear la valoración social del paciente. “Permite sistematizar y ampliar conocimientos que muchas veces tenemos de forma intuitiva, disponer de herramientas para una evaluación más objetiva y de datos concretos sobre el peso de los determinantes en el proceso salud-enfermedad”, explica Pablo Pérez Solís.  

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