Prescripción crónica de inhibidores de la bomba de protones (IBP) en Atención Primaria: una práctica frecuente que merece revisión
Un estudio reciente publicado en Revista Clínica de Medicina de Familia alerta sobre esta cuestión, y sus autoras, las médicas de familia María Mariño Villar, Laura Rodríguez Sierra y Araceli Garrido Barral, destacan, entre otros aspectos, que hay que tener en cuenta que hay mayor riesgo de prescripción inadecuada cuando se dan factores como el sexo femenino y el uso de omeprazol.
Los IBP son fármacos que “actúan bloqueando de manera irreversible la bomba de protones (H+/K+ ATPasa) presente en las células parietales gástricas, lo que reduce significativamente la secreción de ácido gástrico”: así se describen en este original de la revista.
Tradicionalmente, estos se han utilizado para patologías que requieren un control eficaz de la acidez gástrica, aunque investigaciones recientes sugieren que poseen “efectos antiinflamatorios independientes del bloqueo ácido”.
Desde la introducción del omeprazol en 1989, su consumo ha crecido de forma exponencial, convirtiéndose en uno de los grupos farmacológicos más prescritos en España, donde “alrededor del 11,7% de la población española consume cada día un IBP”, tal y como indica el texto.
Un uso frecuente y muchas veces inapropiado
El estudio se realizó en un centro de salud urbano de la Comunidad de Madrid e incluyó a 380 pacientes mayores de 18 años con prescripción crónica de IBP registrada en el Módulo Único de Prescripción (MUP), y los resultados son reveladores: "La prevalencia global de prescripción crónica inadecuada de IBP fue del 65%”, siendo la indicación incorrecta la causa principal (81,78%) y la temporalidad inapropiada la segunda (18,21%)”.
En este trabajo, los análisis estadísticos identificaron factores asociados a esta inadecuación. El sexo femenino mostró un mayor riesgo, ya que “se asoció significativamente a mayor riesgo de prescripción inadecuada (OR: 1,73; IC 95%: 1,10-2,71; p = 0,018)”, apuntan las autoras. Por el contrario, la polimedicación —entendida como la toma simultánea de cinco o más fármacos— se asoció con un efecto protector frente a la prescripción inadecuada (OR: 0,45; IC 95%: 0,23-0,88; p = 0,021), probablemente debido a un seguimiento más estrecho de estos pacientes en el primer nivel asistencial.
Asimismo, el tipo de IBP influyó en la adecuación: el omeprazol fue el fármaco más asociado a prescripciones inadecuadas, mientras que el uso de pantoprazol, esomeprazol o rabeprazol se relacionó con un menor riesgo. Por el contrario, “el origen de la prescripción no se asoció de forma significativa con la inadecuación (p = 0,204)”, lo que evidencia que este fenómeno se produce tanto en Atención Primaria como en el ámbito hospitalario.
Hacia un uso más racional y seguro de los IBP
Las autoras advierten de que estos hallazgos tienen implicaciones clínicas y organizativas importantes, y recomiendan que se implanten “medidas inmediatas, incluyendo revisiones periódicas, deprescripción activa y formación continuada para optimizar la prescripción racional y segura de IBP”. Además, resaltan la importancia de la educación sanitaria, con el objetivo de eliminar la percepción de que los IBP son “protectores gástricos” y de concienciar a la población sobre la necesidad de un uso adecuado de estos fármacos.
Este estudio pone el foco en que en el primer nivel asistencial es esencial combinar la evidencia científica con la práctica clínica diaria, revisando periódicamente los tratamientos y ajustando las prescripciones según la evolución del paciente. La coordinación entre Atención Primaria y hospitalaria, la implementación de programas de revisión de la medicación y la formación continua del personal sanitario son medidas clave para garantizar una utilización más segura y eficiente de los IBP.
Como resumen, los autores recuerdan que “se requieren medidas inmediatas, incluyendo revisiones periódicas, deprescripción activa y formación continuada para optimizar la prescripción racional y segura de IBP”.
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