Invitación a una lectura reflexiva-médica sobre “El Principito”

El Principito es un cuento para niños y una obra profunda para adultos. La obra trata sobre la búsqueda de un verdadero encuentro interpersonal, dando a entender la importancia de la dimensión relacional de las personas, como algo constitutivo de las mismas. Y es precisamente esto lo que nos hizo pensar que podría ser interesante en la reflexión sobre el encuentro profesional sanitario-paciente. Fue escrito por Antoine de Saint-Exupéry y publicado en inglés en 1943.

Posteriormente se ha convertido en un fenómeno editorial y traducido a decenas de idiomas de todo el mundo. En la actualidad es la obra de la literatura francesa más conocida de toda la historia.

Los personajes

Este clásico de la literatura contemporánea ha hecho famosos a los personajes que aparecen, que tienen un gran poder simbólico:

El aviador. Representa al autor mismo, ya de adulto, pero que no ha olvidado que era un niño.

El Principito es el personaje principal de la obra. Transmite el lado fantástico de la historia. Representa la infancia tanto ingenua como rebelde.

La rosa. Simboliza el verdadero amor del Principito. Es el objeto de todos los pensamientos del principito. Quizás está inspirada en la esposa del autor Consuelo Cunsín.

El Rey. Vive solo, con la única compañía de una rata. Es un símbolo de las monarquías en declive de Europa. Simboliza el poder

El Vanidoso. Quiere ser admirado y amado por todos. El personaje es la alegoría del consumo y la apariencia de la sociedad occidental.

El bebedor. Está avergonzado de ser un alcohólico, de ser como es. Entonces, para olvidar que bebe, sigue bebiendo. Está sumergido en un círculo vicioso del que no puede salir.

El hombre de negocios. El empresario cuenta y recuenta. Él no sabe lo que tiene pero su deseo es tener cada vez más. Simboliza el afán por tener.

El farolero. Es el único personaje que encuentra el favor del Principito porque es el único que trabaja para otros y que claramente proviene del mundo laboral. Pero trabaja sin poner el trabajo en su justo lugar (“es la consigna”).

El geógrafo. Es un científico, que acomodado en su afán de conocimiento, no se atreve a salir al mundo. Está cómodo conociendo lo estable. No le interesa lo efímero o susceptible de cambio. Es quien envía al Principito a la Tierra.

La serpiente. Simboliza la muerte. Es quien, sigilosamente, morderá al Principito para volver a su planeta.

El zorro. Simboliza la sabiduría. Le enseña al Principito dos ideas esenciales en el cuento. En primer lugar, lo esencial es invisible para los ojos y, en segundo lugar, que uno es responsable de lo que domestica, de lo que uno aprende a amar. Con el zorro el Principito descubre que él es el responsable de su rosa.

El encargado de las señales (el guardagujas). Es un personaje que controla el destino de las personas. Hace que el Principito comprenda que los hombres nunca estarán satisfechos con su destino.

• El distribuidor de pastillas. Representa el consumismo. Es un personaje absurdo para el Principito.

 

Aunque no son propiamente personajes me gustaría recalcar el simbolismo que creo encontrar en el avión, el desierto, los baobabs, el pozo, el alba y la estrella.

• El avión, es un elemento esencial en la vida del autor. No es simplemente una cosa, sino que es un instrumento vital para él.

• El desierto. Simboliza la soledad. Es el lugar del encuentro que a pesar de ser inhóspito puede llegar a ser bello. La vivencia de desierto (vacío, soledad) puede impulsar al hombre a buscar la verdad.

• Los baobabs. Representan al mal. Quizás simbolizan el nacismo que destruye el planeta, y al que hay que “recortar” perseverantemente.

• El pozo. Es donde se encuentra el agua que simboliza la vida, ese agua que satisface la sed del corazón.

• El alba. Es interesante que al alba llega el principito a la Tierra, y al alba se va. Creo que significa la luz que es necesaria para la búsqueda y que se logra como consecuencia del encuentro.

• La estrella. Simboliza el destino que todos anhelamos. En El Principito es el encuentro logrado.

Además hay otros personajes más pasivos: el sombrero, el astrónomo turco, una bestia salvaje, un elefante, una oveja, una caja, una rata, los hombres, el cazador, los pollos.

Qué podemos aprender los profesionales sanitarios del El Principito

El principal valor que se trata en El Principito es el encuentro. El hombre es un ser en relación, que para lograr su plenitud ha de salir de sí mismo hacia los demás.

En la obra se descubren varios pasos que son necesarios para alcanzar un encuentro verdadero.

La vivencia de “desierto” y de peligro vital.

Ambos, el aviador y el principito, están solos y en peligro. Pero el peligro está en una dimensión diferente en cada uno de ellos. Para el primero es la supervivencia lo que está en juego. Para el segundo, algo mucho más valioso, el sentido de su vida. Busca el encuentro con lo valioso. Será capaz de perder su vida como camino para regresar a su pequeño planeta y encontrarse con su rosa. Esta obra nos puede ayudar a reflexionar sobre estos dos aspectos que afectan a nuestros pacientes y las implicaciones que eso puede tener en nuestro ejercicio profesional. La vivencia de soledad y de vacío existencial del paciente, pero también del profesional. Creemos que puede ser una herramienta útil para reflexionar sobre el sentido de la profesión y la prevención del Burnout. El desierto también simboliza el medio hostil (el ámbito sanitario) que a pesar de todo esconde un pozo de agua que mitiga la sed “del corazón”.

Las dimensiones de lo real

– Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito a fin de acordarse.” (87)

A veces las cosas no son lo que parecen. Una boa con un elefante en su interior puede parecer un sombrero. Una caja puede contener ni más ni menos que el mejor de los corderos, y ser mucho más que una caja.

En El Principito se nos enseña a descubrir que hay dimensiones de la realidad no objetivables, que no son susceptibles de ser valoradas mediante los sentidos ni mediante instrumentos de medida. Se escapan al método científico. Pero son dimensiones tan reales como las que sí son objetivables, y que incluso son más importantes para encontrar el sentido de la vida, de la enfermedad, o de la propia muerte: las creencias, los valores, la generosidad, el amor, la bondad, la amistad, etc.

Nos ayuda por tanto a fijarnos en la persona del paciente, con todas sus dimensiones. Nos ayuda a fijarnos en la persona enferma y no solo en su enfermedad. Nos ayuda a interpretar que los datos clínicos son necesarios, pero no suficientes. Los protocolos clínicos nacidos de la medicina basada en la evidencia, a partir de estudios científicos y sus correspondientes metaanálisis, miran parcialmente la realidad. Sólo miran los datos objetivables, pero olvidan las dimensiones no objetivables de la realidad. Ser médico es mucho más que aplicar protocolos. Incluso, a veces, ser médico supone saber que hay que saltarse el protocolo….

Dr. Ricardo Abengózar
Médico alergólogo profesor de bioética

Universidad Francisco de Vitoria, Madrid

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