“La no universalidad supone que haya gente que tenga limitaciones al acceso a la sanidad, algo que es perjudicial para el conjunto de la sociedad”

Miembro del Grupo de Trabajo de Inequidades, Javier Padilla ha pasado de ser el médico de familia de un centro de salud a convertirse además en escritor e influencer. En ¿A quién vamos a dejar morir? (Capitán Swing, 2019) y Epidemiocracia (Capitán Swing, 2020) Padilla reflexiona sobre los temas que le preocupan, algo que también hace en su cuenta de Twitter, en la que tiene más de 31.000 seguidores. Lo entrevistamos en #noticiassemFYC:

¿Cómo está afectando la COVID a la universalidad?

Si hay algo que la pandemia ha puesto de relevancia es el concepto de la interdependecia en temas de salud. La salud de uno afecta a la de otro hasta el punto de que podemos afirmar que nadie está a salvo si no lo estamos todos. En términos de política sanitaria eso se materializa en la universalidad del sistema sanitario. Tener un sistema sanitario que no es totalmente universal supone que haya gente que tenga limitaciones al acceso a la sanidad, por lo que será perjudicial para su salud, pero también para la del conjunto de la sociedad.

En España ahora mismo sigue habiendo personas en exclusión en términos sanitarios y es lamentable que no se haya solventado aún estando en medio de una pandemia.

 

¿Te identificas con el papel de REDER?

Sin duda, aunque mi un papel es externo. He colaborado como asesor en el Congreso de los Diputados y REDER forma parte de uno de esos colectivos imprescindibles para conseguir hacer las cosas de forma diferente. Ahora soy médico de familia y sigo colaborado como tal con REDER, porque me muevo en términos de activismo para la salud y formo parte del Grupo de Trabajo de Inequidades de semFYC.

 

¿Cómo ha sido la evolución de la red desde 2012?

Creo que en ese momento tuvo la capacidad de aunar la sensación de indignación y descontento de varios colectivos que trabajaban en el derecho a la salud de forma independiente y vehiculizarlo de una forma muy concreta: derogar el Real Decreto de Ley 16/2012 y la consecución de un marco legislativo garantistas en términos de recuperación y reconstrucción de una nueva cobertura sanitaria universal. En un inicio estaba mucho más basada en la derogación de la ley pero ahora mismo tiene una capacidad propositiva y de generación de un marco nuevo que no era pensable en aquél momento y que ha sido posible gracias a poder juntar a gente diversa siempre vinculada al activismo desde la sociedad civil. Y creo que la normativa que haya en términos de cobertura sanitaria universal en unos meses tendrá mucho que agradecer al trabajo de REDER.

 

Pronto se cumplirá una década de ese trabajo ¿Vamos en la buena dirección?

Vamos en la buena dirección, pero muy despacio. Ejemplo de ello es que con la llegada del Decreto 07/2018 que en algunos aspectos fue muy positivo, en otros generaron nuevas bolsas de exclusión, lo que evidenció que el Decreto 16/2012 había supuesto un cambio cultural, que la universalidad ya no se dada por defecto y que había que hacer algo más que poner parches. Y en los últimos meses ha habido un movimiento ministerial que parece que sí avanza hacia una resolución positiva de la situación de la cobertura sanitaria en España. Pero los ritmos de la política son los que son y o esto se acelera o se acabará la legislatura sin que esto se solucione. Y sabemos que cada año que pasa tiene efectos concretos sobre la salud de la población.

 

¿Crees que un proyecto como el de REDER ha servido para otras cosas más allá de la lucha por la universalidad?

En los últimos años hemos visto muchas alianzas en diferentes colectivos en el ámbito de la salud (comunitaria, medicamentos…). Quiero creer que cuando se consiga que la cobertura universal sanitaria sea de nuevo una realidad en España, esto no acabe con la colaboración entre las entidades que conforman REDER. Sino que esto sea una grieta que posibilite en trabajo conjunto en futuras ocasiones.

 

Tras el éxito obtenido con tu Twitter en la primera ola, te has convertido en todo un influencer. ¿Cómo te lo explicas?

Es cierto que ha aumentado mucho mi exposición pública, creo que sobre todo se ha debido al marco de la COVID. Pero no sé si llamar a esto éxito, hasta qué punto va a suponer trascendencia.

 

Pero cuál crees que ha sido el secreto de que tanta gente te haya seguido?

Creo que es porque soy muy pesado (risas). En mi caso, si hay un algo que me caracteriza es el tratar de juntar diferentes ámbitos del conocimiento (ciencias sociales, biomedicina, salud pública, filosofía) con un compromiso político vinculado al establecimiento de mejoras en la realidad en la que vivo. Supongo que eso en la realidad en la que estamos tiene una cierta relevancia.

 

¿Cuál es la responsabilidad de un médico influencer?

Es cierto que aún ahora, la figura del médico tiene una cierta construcción social concierta relevancia. Y por eso es cierto que hay que tener cierto compromiso con el contenido que se difunde. Que sea veraz, que sea cuidadoso, que no sea  difamador… Otro aspecto importante que se va asumiendo a medida que se consiguen más seguidores es que no se debe contribuir a las dinámicas de odio de las redes. Lo que en otro contexto puede resultar un debate, en redes se puede convertir en un modo de echar a los seguidores contra alguien. Por eso a veces hay que generar una especie de autocensura.

 

¿En ese sentido has tenido alguna situación que te haya sorprendido o impactado especialmente?

Siempre me llama la atención cuando se junta lo virtual y lo real, es decir, sobre todo en el ámbito de la profesión. Como cuando un paciente me sigue en redes, que es la misma persona, pero tanto la persona como el perfil son diferentes. Y eso a veces ha ce que uno se sienta un poco raro.

 

¿Alguna consulta médica vía mensaje privado?

En más de una ocasión me ha ocurrido que periodistas que me han utilizado como fuente, me han consultado temas médicos. Pero la respuesta suele ser que consulten a sus médicos. Pero es que es cierto que a veces se acaba formando un vínculo curioso.

 

Hablando de vínculos, ¿cómo ha cambiado la pandemia tus vínculos con tus pacientes?

En este sentido han aflorado nuevas vulnerabilidades. Ha habido un incremento de la soledad, de situaciones que antes no eran percibidas de vulnerabilidad gracias a las redes de apoyo de se han debilitado. Y por otro creo que se ha generalizado el reconocimiento por parte del paciente de que nosotros también somos vulnerables. Hemos estado expuestos, precarizados. Y los pacientes lo han reconocido y ahora está también en la mesa de la relación con el paciente.

 

El tema de la exclusión social no puede estar más de actualidad. Qué hacer con estos grupos relacionados a menudo con la pobreza y la migración, que el sistema mismo les condena a no entrar en el mismo… Lo hemos visto con el incendio de Badalona, por ejemplo. Qué se puede hacer  desde la Medicina de Familia?

Hay tres aspectos fundamentales. Por un lado lo que se denomina la práctica clínica con orientación comunitaria, es decir que todo lo que hacemos diariamente en la consulta lo hagamos teniendo en cuenta cuál es el contexto en el que los pacientes están desarrollando sus condiciones de vida habituales.

Hay un segundo aspecto que es el de llevar a cabo actividades que estén en consonancia con el tejido asociativo y vecinal de las comunidades en las que desarrollamos nuestra práctica. Se ha demostrado que los centros de salud sí tenían este vínculo han podido desarrollar actividades que sean demostrado muy efectivas.

Y hay un tercer aspecto relacionado con el activismo. Hace unos años The Lancet publicaba un editorial en el que se decía que ningún avance en el ámbito de la salud público se había llevado a cabo sin que sus profesionales se hubieran puesto a reclamarlo de forma activa. Hay un rol en el ámbito del activismo para solicitar a los gobiernos que se mejore las condiciones de vida de nuestros pacientes, que también forma parte de nuestro profesionalismo.

 

The Lancet también hablaba hace poco del tsunami del sufrimiento que ha supuesto la gestión de la pandemia para los profesionales de la sanidad. Crees que hay suficiente formación en habilidades emocionales en el colectivo sanitario?

Creo que no hay formación previa que pudiera estar a la altura de lo que ha ocurrido. Sí es cierto que la formación tiene un sesgo muy importante en relación a la teoría y la biomedicina: muy poco con la gestión emocional; y nula en relación a lo comunitario. Y eso es deficitario. Aunque la situación vivida excede todo lo que se podía haber previsto.

 

Estos días estás siendo bastante crítico con toda la gestión de la salida de la pandemia: vacunas, fármacos, tests rápidos. Has hablado de los peligros de la atribución causal. ¿Podrías explicar un poco en qué consiste?

Una de las cosas que hemos aprendido en la pandemia es que no sabemos lo que va ocurriendo y damos crédito a medidas de otros países sin tener seguridad de su eficacia. Es decir, atribuimos a acciones concretas la capacidad de tener un resultado epidemiológico concreto cuando en realidad es muy probable que la deriva epidemiológica sea el resultado final de unas condiciones preexistentes desde un punto de vista estructural, unas acciones que se toman conjuntamente de forma compleja y en unión entre diferentes medidas y el factor de ‘lo que no sabemos’, es decir, la dinámica epidémica del virus, una parte de azar y lo que sabremos en unos meses, pero con la mirada hacia atrás.

 

¿Esto encaja con lo que tú llamas la epidemiocracia?

La epidemiocracia se puede entender con dos acepciones, pero en realidad es aquella forma de interpretar los problemas de salud de la población dentro de un contexto de mirar a las sociedades y no solo a los aspectos más biomédicos.

 

¿Podrías explicarnos un poco el contenido de tu libro?

Cuando nos plantearon escribir el libro, nuestra idea era intentar ver los aspectos de pandemias que podían servirnos de elementos de análisis que fueran útiles para la pandemia de covid y que esos elementos se hicieran desde una perspectiva salubrista, es decir que tuviera en cuenta que las pandemias son problemas sociales, no solo sanitarios. Y por eso deben tener un foco principal en la colectividad y no solo en la investigación biomédica.

 

¿A quién vamos a dejar morir?

Una especie de llamada a pensar de que la política de salud acaban impactando sobre nuestra salud y nuestras vidas hasta que acaban estratificando a las personas y las sociedades en términos de salud. Pero llegó la COVID y las medidas que se tomaron afectaban a nivel socioeconómico de manera que afectaba más a unos grupos que a otros. Pero también que se hubieron de tomar una serie de decisiones en los que se hubo de priorizar el racionamiento de unos grupos con respecto a otros. Eso sucedió en el ámbito de las UCIS, pero también en Atención Primaria, en la que se primaba teniendo en cuenta la incapacidad para ser atendido en otros lugares.

 

¿Cuál debería ser el papel de organizaciones como la semFYC?

Hay un papel fundamental que es el de la formación. También es importante la protección de los derechos; y el de la incidencia política, relacionada no solo con la protección de sus asociados, sino con la protección del derecho a la salud. Son las tres patas fundamentales.

 

¿El futuro en formación científica es virtual?

Y el presente, como hemos visto con el covid. Aunque no en todos los ámbitos es posible, sí posibilita la formación no sincronizada y el poder tener gente dando esa formación desde diferentes lugares.

 

¡Muchas gracias!

Javier Padilla