La inteligencia artificial entra en las facultades de Medicina: cuatro retos para una integración responsable
Un artículo liderado por Antoni Sisó-Almirall y publicado en Educación Médica plantea una hoja de ruta para incorporar la inteligencia artificial en la formación médica sin renunciar al pensamiento crítico, las habilidades clínicas ni los valores humanistas de la profesión.
La inteligencia artificial (IA) está transformando la práctica clínica, la investigación y también la educación médica. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude ya forman parte de la realidad cotidiana de muchos estudiantes y profesionales sanitarios. Sin embargo, su incorporación a las facultades de Medicina sigue siendo desigual y, en muchos casos, carece de una estrategia definida.
Con el objetivo de aportar una hoja de ruta para esta transformación, un grupo de expertos liderado por el médico de familia Antoni Sisó-Almirall ha publicado en la revista Educación Médica el artículo “La integración de la inteligencia artificial en la educación médica española: propuestas ante 4 retos fundamentales”. El trabajo analiza la situación actual y plantea recomendaciones para garantizar una integración útil, segura y alineada con los valores de la profesión médica.
Una asignatura pendiente
Los autores recuerdan que la presencia de la IA en los planes de estudio españoles sigue siendo limitada. Según los datos recogidos en el artículo, solo el 19,2% de las universidades que imparten el grado de Medicina cuentan con asignaturas específicas relacionadas con la inteligencia artificial, generalmente de carácter optativo. Esta situación genera diferencias formativas importantes entre estudiantes y pone de manifiesto la necesidad de establecer estándares comunes.
Ante este escenario, los autores plantean una pregunta clave: no se trata de decidir si la IA debe formar parte de la educación médica, sino de determinar cómo integrarla de manera responsable.
Cuatro retos para las facultades de Medicina
El artículo identifica cuatro grandes desafíos:
- Integrar la IA en el currículo. Los autores defienden un modelo híbrido que combine una formación básica común sobre conceptos, limitaciones, sesgos, privacidad y uso responsable de la IA con una integración transversal en las distintas asignaturas. El objetivo es garantizar que todos los estudiantes adquieran unas competencias mínimas independientemente de la universidad donde cursen sus estudios.
- Utilizar la IA sin perder habilidades clínicas. Aunque estas herramientas pueden facilitar el aprendizaje y ofrecer apoyo al razonamiento clínico, existe el riesgo de una dependencia excesiva. El artículo advierte sobre fenómenos como el deskilling (pérdida de habilidades por desuso) o el never-skilling (no llegar a desarrollar determinadas competencias por delegar demasiado pronto en la tecnología). Por ello, los autores subrayan la importancia de preservar capacidades esenciales como la comunicación, la exploración física, el juicio clínico y el pensamiento crítico.
- Capacitar al profesorado. La integración de la IA no será posible sin docentes preparados para diseñar actividades, supervisar el uso de estas herramientas y evaluar sus resultados. La formación debe abarcar aspectos técnicos, éticos, legales y pedagógicos, además de contar con el respaldo institucional necesario para impulsar cambios sostenibles.
- Incorporar la IA a la docencia, la evaluación y la simulación. El artículo revisa experiencias internacionales que muestran el potencial de asistentes docentes virtuales, pacientes simulados, sistemas de tutoría inteligente o herramientas de evaluación apoyadas en IA. Aunque los resultados son prometedores, los autores recuerdan que la evidencia aún es limitada y que cualquier implementación debe ir acompañada de mecanismos de supervisión y evaluación rigurosos.
Más tecnología, pero también más profesionalismo
Lejos de plantear una sustitución del profesorado o del razonamiento clínico, el artículo defiende una visión complementaria de la inteligencia artificial. La IA puede convertirse en una aliada para mejorar el aprendizaje y personalizar la formación, pero siempre bajo la supervisión de profesionales capaces de interpretar, verificar y contextualizar la información que generan estas herramientas.
Como concluyen los y las autoras, la prioridad para las facultades no debe ser simplemente incorporar nuevas tecnologías, sino desarrollar marcos de gobernanza, evaluación y formación que permitan utilizarlas de manera segura y eficaz. Porque, en la era de la inteligencia artificial, sigue siendo imprescindible formar médicos capaces de pensar críticamente, tomar decisiones fundamentadas y mantener una relación humana de calidad con sus pacientes.